Las autoridades paraguayas defraudaron al pueblo

El 7 de marzo de este año, Paraguay sufrió un duro golpe con la confirmación del primer caso positivo del coronavirus (Covid-19) en el país. Las autoridades en forma inmediata decidieron implementar la política de aislamiento social para frenar la propagación del virus en el territorio. La lucha contra el coronavirus se transformó en una gran bandera nacional, siendo que todos los sectores apoyaron las decisiones tomadas en su momento y la población cumplió las duras restricciones sociales impuestas por el gobierno, con hambre, pero cumplió.

Al día de hoy, han transcurridos 130 días desde la imposición de la cuarentena, pero la identidad nacional de unidad se ha perdido, que es el gran responsable del éxito paraguayo en el combate al Covid-19 tan publicitado en todo el mundo. En la actualidad, en un momento de rápida propagación del virus en el país, la mayor parte de la población ya perdieron la motivación inicial de acompañar la lucha y una pequeña minoría cumplen las recomendaciones sanitarias. Los responsables de la rebelión social contra las medidas sanitarias son las principales autoridades de la nación.

Las familias o aquellas personas, que durante esta prolongada cuarentena que en vez de alimentarse tres veces al día comía solo una vez para compartir los alimentos con los vecinos, amigos, conocidos, parientes o con personas totalmente desconocidas en las ollas populares, se sienten frustradas, traicionadas por el comportamiento de varios de sus representantes. Mientras la mayoría de la población paraguaya cumplía la política de distanciamiento social acosada por el hambre en medio de muchas necesidades, varias altas autoridades violaron la cuarentena con la mayor arrogancia del mundo además de cometer muchos actos grotescos de corrupción.

No encontraron el mejor momento —en medio de una pandemia— para ostentar el ego de superioridad como autoridad sobre las personas “comunes”. Las vanidades de las autoridades paraguayas están encaminando a las personas a cavar su propia sepultura. El incumplimiento de las medidas sanitarias por los altos funcionarios sirve a la gente como ejemplos de comportamientos a seguir y también impulsa el escepticismo sobre el Covid-19 en el país. Tanto es así que a esta altura la mayoría de las personas públicamente manifiestan su incredulidad afirmando que la pandemia fue inventada por las autoridades para someter al pueblo con medidas autoritarias y endeudar el país para apropiarse de los recursos. Las medidas sanitarias se fueron al mazo.

La ONAC desde el primer momento de la crisis se ha posicionado a favor de la defensa de la vida y de la salud de la población paraguaya. Para nosotras es triste la situación que se presenta y nos resulta difícil aceptar el destino que se avecina. Como organización campesina siendo un sujeto de paradigmas sociales intentamos de todas formas evitar este panorama, pero el mensaje enviado por las autoridades a la población desde el inicio de la pandemia en el país no ayuda. En medio de tantos sentimientos traicionados hasta complica hablar a la gente sobre la necesidad de cumplir con las recomendaciones sanitarias. El pueblo se siente traicionado, defraudado y robado por sus autoridades.