La agricultura familiar campesina después de 67 años de la Reforma Agraria
La agricultura familiar campesina indígena y originaria tuvo un rol protagónico pero sin resultados por ser un sector olvidado y marginado por las políticas públicas diferenciadas. Sin embargo la crisis sanitaria en el país y el mundo visibilizó la labor de los pequeños productores para la sostenibilidad alimentaria para la sociedad.
Han trascurrido 67 años desde aquel 2 de agosto de 1953, en la localidad de Ucureña (Cochabamba), se proclamó el decreto de Reforma Agraria para devolver las tierras individuales a los campesinos.
Esta rebelión indígena sucedió como una respuesta por la recuperación de tierras y la eliminación del latifundio. Aunque este proceso solo se llevó en el occidente del país, porque también dio lugar al nacimiento del neolatifundismo en las tierras del oriente del país que son más productivas, mientras que el altiplano y los valles han quedado compuestos por pequeñas y medianas propiedades.
Asimismo, se muestra en la actualidad de acuerdo al Censo Nacional Agropecuario 2013, que en Bolivia existen 861.608 Unidades Productivas (UPAs) trabajadas, el 92% correspondería a la agricultura familiar, que representa a más de 2 millones de pequeños productores que producen más de 70 alimentos de la canasta familiar, mientras que el 7% tiene un carácter de medianos productores y el 1% grandes productores que representan a 25 mil familias, en su mayoría productores de soya,
Pese a esta importancia poblacional, los agricultores familiares campesinos cultivan solo el 14 % de la tierra; los medianos, el 26 %; y en contraste, la agricultura empresarial ocupa el 66 % de la tierra cultivada. También hay una desproporción en los volúmenes y valor de la producción de cada uno.
Sin embargo, en temas productivos desde ese entonces los rendimientos productivos siguen siendo los mismos, las importaciones de alimentos continúan siendo altas y las materias primas constituyen más del 60 % del total de exportaciones.
Asimismo, Las normativas productivas hasta la actualidad no han tenido éxito en otorgar responsabilidades para dar cumplimiento al esfuerzo del gobierno central por apoyar a los pequeños productores, el cual se diluye al llegar a las entidades territoriales (gobiernos departamentales y municipales), toda vez que los esfuerzos de estas están centrados en la inversión en infraestructura (edificios, sedes, centros de entretenimiento, etc.) y la agricultura familiar no es prioridad.
Aunque es sector marginado, durante la etapa más dura de la cuarentena, la labor de los pequeños agricultores no se detuvo. En medio de grandes dificultades de transporte, salieron desde el campo, cargados de verduras, hortalizas, tubérculos, frutas y otros, para surtir los hogares bolivianos. Del productor al consumidor y a precio justo.
Mientras no se incremente el rendimiento económico de las unidades campesinas, basado en un ingreso mínimo salarial mensual, los esfuerzos en inversión continuarán con los mismos resultados, con poco interés del productor y aún menos de las nuevas generaciones. La producción seguirá siendo de sobrevivencia y sin la continuidad de los avances logrados.


