108 años de historia y lucha que nos enorgullecen
En este mes de agosto, Federación Agraria Argentina conmemoró un nuevo aniversario de su fundación, surgida meses después de la gesta agraria conocida como Grito del Alcorta, gracias al impulso de aquellos pioneros que nos dieron identidad.
Pasaron ciento ocho años desde aquella primera conquista, organizarse para luchar por los pequeños y medianos productores, que permitió que en nuestra historia hayamos tenido otros logros a nivel gremial, siempre guiados por atender a sus necesidades y urgencias. Desde aquel momento, FAA se extendió por casi todo el país, llegando a los cuatro puntos cardinales, casi como un árbol frondoso para dar refugio y cobijo a todo aquel que lo necesitara, sumando ideales y luchas de cada rincón argentino donde hay un federado. Se fueron constituyendo filiales, Clubes Agrarios (hoy Centros Juveniles Agrarios), cooperativas, asociaciones, grupos de Mujeres Federadas.
En tantos años de historia, hemos transcurrido buenos y malos momentos, del país y de la Institución. Fue así que Don Esteban Piacenza tuvo que vender la primera casa central para pagar las deudas en 1933. Pero fue él mismo quien, con gran sabiduría, creó Agricultores Federados Argentinos, con la visión de lo que significa el cooperativismo como herramienta económica para mejorar las condiciones de los agricultores, y como estrategia institucional, sabiendo que unido a la gremial ambos deberían haber formado para siempre la base de lucha federada. Luego de muchos años se logró comprar la segunda casa central en calle Mitre 1132, de la ciudad de Rosario. Otro embate económico terminó en un remate de esta casa central en el año 2001, consecuencia de las políticas neoliberales de la época que, sin escrúpulos agobiaron a la compañía de seguros federada. Afortunadamente, y con mucho esfuerzo, tiempo después volvimos a contar con sede propia, en el año 2013.
Cito estos ejemplos, que aluden a situaciones económicas complejas de la entidad, para resaltar que siempre, en paralelo a esos acontecimientos que nos golpeaban como institución, a nivel país también se desarrollaba un progresivo ahogo para nuestro sector. Creo que esos embates económicos nos dejaron heridas muy grandes a flor de piel y nos siguen marcando, pero quiero destacar que aún en nuestros momentos más difíciles, nunca nadie logró derribarnos como entidad, ni quitárnosla como herramienta gremial. Ello habla a las claras del sentido de pertenencia que tenemos los federados, y que más de una vez hemos puesto el cuerpo por ella.
Hoy estamos pasando por uno de esos momentos muy angustiantes y complicados económicamente, la entidad y los productores. Pero seguimos estando de pie haciendo escuchar nuestra voz en cada ámbito donde debe ser escuchada. En este contexto, cumplimos nuestros primeros 108 años de vida.
Pensar en nuestra fundación nos lleva inexorablemente a recordar la gesta de nuestros pioneros que tuvieron la necesidad y la impronta de organizarse como entidad, para hacer frente a las injusticias que venían padeciendo, un 15 de agosto de 1912. La historia y los acontecimientos a veces son caprichosos, así fue que ese mismo día, pero en 1994, debimos lamentar el trágico fallecimiento de Mariano Echaguibel, cuando se desempeñaba como secretario Gremial, mientras recorría los piquetes durante un paro agropecuario con el que enfrentábamos las políticas neoliberales del menemismo.
En lo personal estoy convencido de que los federados de todo el país, aún los que por algún motivo puntual se hayan alejado temporariamente de la entidad, durante esta u otra gestión, debemos re-unirnos. Y lo digo así, separado, para enfatizar que estos momentos delicados nos obligan a volver a estar juntos, para dar las luchas que necesitamos. Es tiempo de fortalecernos aún más, de dejar las diferencias de lado y sumar las coincidencias, para unirnos bajo una sola bandera, la de la defensa de los pequeños y medianos productores, en tiempos en que la pandemia agravó enormemente las dificultades que ya había en las distintas regiones, en todo el país.
Por eso, hago un llamado a dejar de lado los egos, las apetencias personales y pensar realmente en que FAA se trata de la única y más valiosa herramienta que nos salvará a todos los pequeños y medianos productores por igual. Marcar en todos los ámbitos todo aquello que necesitamos, gritar y proponer para que se corrija lo que está mal y pedir lo que hace falta. Ese es el rol que debemos cumplir. Históricamente hemos marcado agenda política, somos quienes le explicitamos a los gobiernos nuestras necesidades y demandas; y si las mismas no son oídas, tenemos que salir a expresarlo públicamente, hacer sentir nuestra voz, con comunicados o en las rutas. Y es lo que seguimos haciendo hasta hoy, con todos los cuidados, de manera virtual, como podemos y del modo que nos impone el aislamiento por la pandemia, pero seguimos defendiendo las mismas cosas. Y pidiendo por políticas públicas diferenciadas que den respuestas a las necesidades que nos afectan a los pequeños y medianos productores.
Son tantos los problemas actuales que atraviesa nuestro sector, que resulta complejo enumerarlos. Algunos de ellos son los incendios en las provincias de Corrientes, Salta, San Luis, La Pampa, Formosa, Catamarca, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires, Misiones, Mendoza y Tucumán. En todas esas zonas se registraron focos controlados o contenidos y, de acuerdo con la información oficial, son más 120.000 hectáreas afectadas y productores que perdieron, algunos de ellos todo lo que tenían, y otros, animales, casas o infraestructura predial.
Además, la producción de trigo sufre la peor sequía de los últimos 10 años, lo que redujo 100.000 hectáreas su proyección de siembra, ubicándose en 6,7 millones de hectáreas. Y en lo ya sembrado, la falta de lluvias y las heladas reducen las expectativas de rendimiento. Más del 60 por ciento del área presenta condición hídrica entre regular y seca, concentrada fundamentalmente en el centro y norte del área productiva.
En Misiones, las heladas alcanzaron hasta los -4°C de temperatura en algunas zonas. Con daños de pérdida total en el tabaco, en la zona Sur, Centro y Alto Uruguay, fueron las que sufrieron los mayores daños a la producción y en Formosa también afectó los cultivos hortícolas de las localidades de Laguna Naineck, Siete Palma, Buena Vista, Tres Lagunas y Riacho He Hé. En la Patagonia, la nieve no da tregua provocando la mortandad de animales.
Hago este punteo de situaciones, sólo para ejemplificar que, al tener producciones a cielo abierto, las diversas contingencias, a las que se suman los delitos rurales, daños, robos o abigeato, dejan a un gran segmento de nuestros representados cada año en bancarrota. Todavía no logramos que el gobierno ponga en práctica una gestión integral de riesgos en el campo, pero nuestra voz no se termina, se lo seguiremos pidiendo al Ministro de Agricultura y a quien corresponda.
Dada la importancia económica y social del sector, es necesario encontrar la manera de gestionar estos riesgos y la solución debe ser integral. La misma implica pensar y diagramar estrategias para reducir el impacto. En el mundo existen, además, innovaciones como los seguros índices o paramétricos (que no se aplican en la Argentina), cuyo pago se encuentra sujeto al comportamiento de un indicador. Estas coberturas tienen el beneficio de tener primas más accesibles, debido a que el pago se realiza en función del valor del índice de referencia, sin necesidad de peritación en el campo. Por último, en el caso de los eventos de mayor impacto y menor frecuencia, se encuentran los sistemas de emergencia o atención de catástrofes provinciales o nacionales. Estas no se podrían poner en práctica sin una articulación público – privada donde las primas de los mismos sean accesibles para los de menor escala.
Y, por esta cuestión, siempre que estamos en algún ámbito de decisión política recordamos que los 500 millones con los que cuenta actualmente el fondo de emergencias, creado en 2009, son ínfimos. Ese monto permanece congelado desde el origen pese a la inflación y a los cambios macroeconómicos experimentados en 11 años. Estos recursos son insuficientes y no permiten ni empezar a hacer frente a todas las situaciones climáticas por las que estamos atravesando.
Los muy bajos precios que reciben nuestros productores de economías regionales por su producción, sumados a las últimas actualizaciones de precios de insumos y costos de vida, se tornaron ya casi en un hecho delictivo por parte de las industrias e intermediarios. Este abuso se da con la complicidad de un Estado que hace años elige mirar para otro lado ante tanto atropello, dejando indefensos a aquellos que lo único que hacen es trabajar para subsistir junto a su familia.
Otro tema de mucho interés de agenda política en este último tiempo ha sido la producción de cerdos para China. Pronto se podría firmar el Memorándum de Entendimiento entre Argentina y el gigante asiático para impulsar el crecimiento del sector porcino local y luego exportar carne de cerdo a ese destino. Desde FAA no nos oponemos al desarrollo netamente productivo, pero sí a la forma en se llevará adelante el mismo y para entender por qué estamos en contra de este acuerdo debemos destacar lo siguiente:
En primer lugar, el estatus sanitario de nuestro país es de los mejores del mundo, ya que estamos libres de peste porcina clásica, síndrome respiratorio reproductivo porcino de peste porcina africana. Cabe recordar que, por esta enfermedad, China debió sacrificar cerca de 300 millones de cerdos, más de la mitad de su rodeo, según cifras de la OIE (Organización Mundial de Sanidad Animal). Por eso debemos cuidar nuestro estatus.
Hoy la producción argentina de carne de cerdo ronda las 700 mil toneladas y se podría duplicar. Esa es una posibilidad que no todos los países productores tienen. Según el proyecto que se hizo público, se plantea incrementar el stock de madres en 300.000 animales. Se desarrollarían 25 unidades integradas de 12.000 madres cada una, que requerirán una inversión de US$ 151 millones por cada una. Se tratan de unidades cerradas que comprenden plantas de elaboración de alimento balanceado, biodigestores (generación de energía y bio-fertilizantes), criadero ciclo completo, frigorífico exportador, proceso sin laguna de efluentes, y oficinas del Senasa y de la Aduana. Otro punto a resaltar es que las granjas se levantarán en áreas que puedan aportar un flujo de agua del orden de los 1,5 millones de litros diarios.
Los peligros de enfermedades y trasmisiones vía zoonosis en conjunto con otros daños ambientales como pueden ser los aumentos de los desmontes y contaminación de napas y ríos son temas que nos deben preocupar sobremanera.
El objetivo del gobierno Argentino y sus pares chinos es incrementar en 900.000 toneladas la producción de carne, lo que generaría exportaciones por 2.500 millones de dólares. Nuestro país tiene actualmente una producción de carne de cerdo en aproximadamente 5100 unidades productivas, en ellas, el 72% de los productores maneja el 8% de la producción y el 28% maneja el 92, indicando claramente la concentración.
Tenemos como país la oportunidad histórica de aprovechar este acuerdo para romper el desequilibrio entre la producción familiar y la concentración. Pero si en la letra del proyecto no está explícitamente señalado que los pequeños y medianos productores tendremos condiciones crediticias con tasas bajas de interés a valor producto o fondos rotatorios, nosotros como entidad tenemos que salir a expresar este malestar, ya que de lo contrario dejaríamos pasar esta gran ocasión para poner a funcionar una gran matriz productiva que indudablemente revitalizaría el interior productivo, con un incentivo enorme, ya que la misma nos presenta la oportunidad para que nuestros productores e hijos de los mismos puedan desarrollarse con sistemas cooperativos o asociativos en un momento donde el recambio generacional del campo lo pide a gritos.
En este nuevo aniversario, no se puede obviar el hecho de que nuestro presente y futuro está en riesgo si persisten las políticas demoledoras que perjudican los sistemas productivos a baja escala. El modelo agropecuario actual prioriza la producción a gran escala y nos asfixia a los agricultores familiares a lo largo y ancho del territorio argentino. Por eso, los valores fundacionales con los que nació la FAA, tienen plena vigencia: no hay dudas de que necesitamos un cambio de modelo productivo y de desarrollo rural.
Luchamos desde nuestro nacimiento. Por eso hoy, los insto a nuestros asociados a seguir haciéndolo, por una agricultura con más agricultores, y a continuar organizados para lograr un país donde el trabajo y la producción en el campo vuelvan a ser centro de escena con políticas públicas diferenciadas. El Estado debe estar al servicio de la producción y no como sucede actualmente, que es exactamente al revés.
Son numerosas luchas las que tenemos que seguir dando, unidos bajo un mismo horizonte, con diferencias que sean saludables, con el objetivo de contribuir con la entidad y, por intermedio de ella, a los productores que representamos.
Somos la Federación Agraria Argentina, somos la entidad más representativa del sector agropecuario nacional, somos los que cada día sufrimos los embates de las indecisiones e inoperancias políticas que nos juegan en contra, pero también somos esos 108 años de historia y de luchas que nos enorgullecen, que nos permiten estar firmes para luchar. Por eso, ¡A nunca bajar los brazos, Federados! Aunemos nuestras fuerzas por el bien de todos.
Salud y muchos años de vida más para nuestra querida FAA.
Por Carlos Achetoni, presidente de Federación Agraria Argentina


