Orgullosa, joven de 23 años ostenta su producción durante la pandemia
El coronavirus obligó a cambiar los estilos y estándares de vida considerados normales antes de la pandemia. Los centros comerciales están cerrados, las actividades de recreación están suspendidas e instituciones de enseñanzas están vacías. A consecuencias de esta nueva normalidad, muchas personas optaron por enfrentar la cuarentena en comunidades campesinas, pues alegan que en zonas rurales se tiene más libertad, sin violar las medidas sanitarias adoptadas por las autoridades del país.
Con la suspensión de las clases presenciales, un gran número de la juventud paraguaya determinada a no perder la libertad resolvieron pasar la cuarentena en las comunidades rurales. ‘‘Antes de la pandemia tenia una vida muy activa en la ciudad, entre ir a la universidad, salir a hacer ejercicios físicos, compartir con los amigos, ir a los centros comerciales, participar en actividades artísticas, sin embargo, de un día al otro mi vida sufrió un cambio radical’’, declaró Fernanda López Coronel.
La joven de 23 años afirma que no concibió la idea de permanecer encerrada en su casa en la ciudad durante la vigencia de la cuarentena, teniendo la posibilidad de ir vivir en el campo sin comprometer sus estudios. ‘‘La finca de nuestra familia esta ubicada a poco mas de 30 km de la ciudad de Caaguazú, no obstante, aquí por tratarse de una comunidad rural tenemos amplios espacios, en medio de la naturaleza, por eso no se siente los efectos de la cuarentena. En el campo no estás en una situación de prisión domiciliaria’’, subrayó.
Agrega que ya se pasaron mas de seis meses desde el inicio de la cuarentena en el país, tiempo que resultó más que suficiente para cosechar los frutos de su trabajo en la chacra durante el periodo. ‘‘Desde el primer día que venimos a quedarnos en la colonia con mi familia, empezamos a trabajar la tierra y criar pequeños animales como gallina y cerdos. Desde entonces plantamos poroto, carpimos la plantación de mandioca y en la huerta tenemos todas las verduras necesarias para el consumo familiar. Además, tenemos una gran parcela de cebolla a punto de cosechar para la venta’’, recalcó.
Sobre las actividades diarias en el campo, señala que el trabajo empieza a tempranas horas del día, pero los frutos de la dedicación y perseverancia cosecha con el tiempo, afirma. ‘‘Ya cosechamos poroto, tomate, lechuga, locote, zanahoria y otras hortalizas y del maíz que habíamos plantados a finales de mayo ya estamos comiendo chipa guazú’’, finaliza entre risas.
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