Casi 60 predios reciben asistencia a través del proyecto Ganadería Familiar Resiliente

Desde hace algunos meses, el proyecto Ganadería Familiar Resiliente, ejecutado por la Comisión Nacional de Fomento Rural (CNFR) y el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y financiado por el programa Euroclima en el marco de la Confederación de Productores Familiares del Mercosur Ampliado (COPROFAM), brinda asesoramiento a familias productoras dedicadas a la ganadería de cría, apostando a la resiliencia de los sistemas ganaderos familiares de Uruguay al cambio climático. A través de esta asistencia, se abordan aspectos técnicos y se promueve el desarrollo rural.

A fines de febrero, tuvo lugar en el departamento de Flores la cuarta instancia presencial del encuentro con técnicos de campo del proyecto, en el que se trabaja en la implementación de buenas prácticas ganaderas a nivel de la producción familiar, apostando a la mejora de la sustentabilidad y resiliencia de los sistemas de producción, explica María Eugenia Carriquiry, coordinadora general del proyecto.

Con esa finalidad es que participan 52 familias que se distribuyen en seis sociedades de fomento rural, tres de las cuales se ubican en la zona de Basalto (norte del país) y las otras tres ubicadas en la zona de Sierras del Este, donde existe una importante cantidad de productores familiares dedicados a la ganadería y una alta vulnerabilidad al cambio climático, cuenta la técnica, agregando que las asistencia otorgada es de coinnovación, tema en el que se trabaja hace varios años, y constituirá uno de los focos principales del trabajo.

A través del asesoramiento técnico, elegido por cada sociedad de fomento, se realiza un diagnóstico de cómo funciona el sistema a nivel productivo, económico, social y ambiental, pasándose luego a la etapa de rediseño, donde se piensan en cómo trabajar de forma que resulte resiliente y sustentable.

Respecto a los plazos para la ejecución del proyecto y su finalización, hay una primera instancia de ejecución de dos años, mientras se espera obtener una extensión en el plazo de manera que sea posible un mejor aprovechamiento de la primera etapa. “Hasta diciembre vamos nosotros y buscando alternativas para poder continuar durante dos años más y poder acompañar todo el proceso de cambio”, cuenta Carriquiry.

Al ser consultada por los criterios para seleccionar los predios en los que ejecuta el proyecto, la experta que hace un año la CNFR convocó a 20 organizaciones de base a expresar su interés en participar, elaborando una lista de productores interesados y un técnico con el que quisieran trabajar. Luego de procesada la información y las propuestas, se realizó el proceso de selección.

Para la CNFR “es clave” el trabajo con las organizaciones de base locales, explica, para lo que es fundamental la participación de los grupos. De esta forma también se aprende qué características tiene un trabajo hecho a ese nivel, sus logros y aprendizajes.

Uno de los desafíos que enfrenta el proyecto es lograr una extensión del plazo de ejecución, que permita realizar un trabajo más ajustado a los ciclos biológicos propios de la producción ganadera. En este sentido, la entrevistada destacó la gran labor de articulación que se viene realizando, en pos de obtener una extensión de dos años en el plazo de ejecución.

Asimismo, Carriquiry destacó el rol de COPROFAM, que hace posible la ejecución de un proyecto de esta magnitud.