A 109 años del Grito de Alcorta, seguimos luchando para visibilizar nuestros problemas, para enfrentarnos al poder, para desnudar las mentiras y demostrar que tenemos fuerza.

Este 25 de junio, se cumple el 109° aniversario de la revuelta agraria conocida en la historia como “Grito de Alcorta”, que fue el punto de partida de nuestra querida entidad, la Federación Agraria Argentina.

Allá por 1912, los arrendatarios dijeron BASTA. No tuvieron miedo ni les tembló la voz para pararse ante las tremendas condiciones que se les imponían para producir. No se amilanaron ante el poder de quienes tenían enfrente. No se atemorizaron pensando que eran pequeños productores, gringos llegados hacía poco a la Argentina. Por el contrario, todo eso fue lo que les dio la fuerza y lo que imprimió la enorme potencia que tuvo ese grito que resonó en toda la Argentina y marcó nuestra historia.

Esos gringos tuvieron la fuerza de saberse muchos, pero especialmente, sabían que lo que pedían era justo. Y lucharon por eso. Y pudieron ponerse de pie, hacerse ver y torcer el destino que se les quería imponer. Y ellos son nuestros antepasados, en los que se explicita el perfil que siempre tuvo nuestra querida entidad, que vio la luz muy poco tiempo después del Grito de Alcorta, cuando esos arrendatarios pudieron organizarse para defender con más y mejores posibilidades sus derechos.

Esa huelga por tiempo indeterminado que declararon aquí mismo nuestros pioneros fue un hito que les y nos demostró que juntos se puede. Que cuando nos asiste la verdad y tenemos razón en lo que decimos, ni la mentira ni el poder pueden contradecirnos.

Hoy, 109 años después, hay cosas que cambiaron. Y la situación no es la misma en algunos sentidos, pero en otros sí.

Los pequeños y medianos productores, los agricultores familiares de nuestro querido país seguimos reclamando desde hace tiempo por las cosas que nos faltan. Por la escasa consideración de nuestra realidad que tienen los gobernantes. Seguimos luchando para visibilizar nuestros problemas, para enfrentarnos al poder, para desnudar las mentiras y demostrar que tenemos fuerza.

Hoy las peleas son otras, pero el fondo es el mismo: los pequeños productores seguimos siendo los que pagamos la fiesta de otros, los que con nuestro esfuerzo cotidiano, que es nuestro y de nuestras familias, sostenemos el interior profundo, las chacras, las fincas, los que movemos el tambo, los que nos empantanamos en caminos intransitables para sacar nuestra producción a flote, los que día a día luchamos en ámbitos con escasa o nula conectividad, infraestructura y posibilidades; los que peleamos para acceder a la tierra en la que trabajamos, los que buscamos cómo financiarnos cuando el sistema no ofrece alternativas para nuestra escala. Y podría seguir horas contando todo a lo que nos enfrentamos. Pero seguimos levantándonos cada día para seguir. Y lo hacemos con dignidad, con potencia y con la energía que nos da saber que peleamos por las tierras en las que trabajaron nuestros antepasados y que les queremos dejar a nuestros hijos. Buscamos que ellos puedan tener el porvenir que a nosotros muchas veces se nos niega. Y a veces nos cansamos, porque pareciera que es luchar contra molinos de viento, contra gobiernos que instalan relatos falsos en los que se nos señala como los responsables de todos los problemas, y buscan enfrentarnos a la sociedad. Pero hacer frente y vencer a esas injusticias es el motor que nos mueve y nos da fuerzas para seguir. Como lo fue, seguramente, el que movió a nuestros pioneros de Alcorta.

Hace pocos días terminó un cese de comercialización de ganado, como todos sabemos, que fue respuesta a una muy mala medida tomada por el gobierno nacional. Y en esos días expresamos con contundencia que no queremos que sigan tomando medidas sin consultarnos. Que no pueden perjudicarnos más sin que digamos basta. Y ese grito no es solo por la ganadería, sino por todas las cosas en las que sentimos que los poderosos nos dan la espalda. Como entidad seguimos gritando. Continuamos parándonos ante lo que está mal. Expresando de todas las maneras posibles que vamos a resistir todo aquello que nos perjudica. Porque está en nuestra historia y porque no nos vamos a quedar callados.

Este año, con mucho dolor, perdimos a muchos federados por la pandemia. Porque mientras trataron de decir que somos los culpables de todos los problemas posibles, nos declararon esenciales y trabajamos, como en toda la historia, más allá de la pandemia. Lamentablemente, muchos quedaron en el camino por el Covid. Y los queremos recordar también, porque se contagiaron trabajando la tierra, haciendo lo que siempre hicieron: produciendo para sus familias y para el país. Y nadie lo valora. Por el contrario, se nos enfrentan. Buscan ningunearnos y ponernos en una bolsa general que nos engloba con especuladores, poderosos y aprovechadores. Y no somos eso. Somos los hijos de Alcorta. Somos los que peleamos en cada uno de los puntos más recónditos de esta bendita Argentina, para salir adelante. Y en este tiempo demostramos que no estamos dispuestos a bajar los brazos. Que seguimos dando lucha, que seguimos gritando por lo que sabemos justo.

Por eso hoy, quiero saludar a todos los federados de nuestro país. A reafirmar, desde aquí, desde Alcorta que fue nuestra cuna donde tuvimos origen, que no claudicaremos en la defensa de los pequeños y medianos de todo el país. Tenemos la fuerza de nuestra gente, que lucha enardecidamente en toda la Argentina. Que muestra en una medida de fuerza que no se va a dejar atropellar. Que quiere un futuro mejor, para sí y para sus descendientes. Hoy, en este 109 aniversario, el grito sigue vivo en todos nosotros, y esa llama es la que continúa moviéndonos para defender todo lo que creemos justo.