Amenazas y Desafíos en La Tierra de la Miel

La cultura de la miel es una forma de vida. Cada vez los procesos de industrializan: Maquinarias, Indumentaria, Materiales, Herramientas, Sanidad y Nutrición, Crianza de Reinas, Envases y Etiquetas, Moldes para Velas, Libros y Revistas, Productos de la Colmena, Cosmética Apícola, integrándose la tecnología que se encuentra disponible en el mercado para un menor riesgo y una mayor productividad. También explorando en tecnologías propias. La industria de alimentos siempre está en búsqueda de productos nuevos que puedan despertar el interés de los consumidores, especialmente si estos combinan características tales como: saludables, aporte de nutrientes, buen sabor y por sobre todo que hagan sentir al consumidor que están en presencia de algo especial.

   

El mapa general es el siguiente: en Chile existen alrededor de 10 mil explotaciones que administran más de 454 mil colmenas, las cuales generan una variada gama de productos apícolas como cadena productiva. La producción de miel, originada principalmente en especies melíferas del bosque nativo chileno, es exportada en cerca de un 90% a los mercados de la Unión Europea y Estados Unidos, constituyéndose como el principal producto pecuario primario exportado por Chile.

La apicultura desarrollada en las regiones de Los Ríos y Los Lagos tiene un gran potencial de desarrollo, gracias a su abundante y variada flora melífera, aprovechable por las abejas durante nueve meses del año. Cada territorio tiene atributos propios para la producción de miel.

En la comuna de Alto Biobío, 17 familias pewenche (mapuche de la zona central que habita la región andina) realizan el rescate de formas tradicionales de cosecha de miel, y a través de un trabajo colaborativo para su producción y comercialización, buscan alcanzar su autonomía y fortalecer su identidad en su vinculación con el territorio y la riqueza que este ofrece para el desarrollo de las familias. Hoy cuentan con 128 colmenas y cosechan un total de 2.111 kilos del producto, los que esperan ir aumentando año a año.

Al sur de Chile, en Cochamó, por ejemplo, junto con la Universidad de Los Lagos, existe una iniciativa que contempla poner a disposición de los productores plantaciones y bosques nativos en donde predominan especies como quillay, frangel, patagua, espino, maitén, ulmo, tiaca, entre otras cuyas bondades están comprobadas que son árboles muy atractivos por los apicultores y las abejas, pero además, con la presencia de las abejas en los bosques nativos aumenta la polinización del territorio, lo que repercute en un aumento de la biodiversidad de los ecosistemas.

La variedad de climas y especies de plantas que hay en el país no sólo genera distintos sabores, sino también hace que las mieles chilenas tengan propiedades únicas. La miel de ulmo es una propuesta muy interesante para abrirse paso en el mercado alemán, ya que dicho árbol del que proviene esta miel, sólo se encuentra en los bosques nativos del sur de Chile a lo largo de la Cordillera de los Andes. Lo que aunado a lo anterior y a sus propiedades científicamente comprobadas convierte esta miel en un producto único.

Al igual que otros sectores productivos, la apicultura ha sido gravemente afectada por el cambio climático, que involucra sequías, incendios forestales, cambios de hábitat, produciendo una disminución directa en la floración de diversas especies y generando falta de fuentes de alimentación, tanto para las abejas, como para los seres vivos.

Hay que recordar que dos tercios de las frutas, verduras y semillas que se generan en el mundo, es gracias a la polinización que realizan las abejas. Estas al polinizar y ayudar en la floración de especies vegetales, aportan directamente a la sustentabilidad del ambiente, disminuyendo la huella de carbono y aumentando la biodiversidad. La flora nativa cada vez está más reducida, debido al cambio de suelo con la generación de sectores urbanos y monocultivos, que no aportan a la sostenibilidad de las regiones ni a la biodiversidad.

Otra consideración es que muchas veces los subproductos de la miel son el sustento económico para numerosas personas asociadas a la agricultura familiar campesina. Es parte crucial en la economía circular que se genera alrededor de este rubro y debemos analizar cómo está siendo afectada por el cambio climático.

Los datos científicos avalan la situación de crisis que viven los productores. Un estudio reciente realizado por la Universidad Católica de Valparaíso, indica que la producción de miel disminuyó un 90% en la zona central y un 50% en el sur del país, entre 1997 y 2020, según reveló un estudio que asoció este fenómeno a los efectos del cambio climático.

Las cifras indicaron que, en el primer año de indagación, en promedio cada colmena producía entre 50 y 80 kilos, cayendo en la medición más reciente a un rango entre 10 y 15 kilos. La variación más preocupante se observó en la región de Valparaíso, donde la producción pasó de 30 kilos por colmena a solo 3 kilos, llegado a cero en algunas situaciones. El director del Laboratorio de Dendrocronología y Estudios Ambientales de la PUC de Valparaíso e investigador del Instituto de Geografía, Ariel Muñoz, explicó que los negativos resultados se deben al cambio climático y la consiguiente mega sequía. La investigación, además, reportó un cambio en el comportamiento de los apicultores, tratando de adaptarse a este nuevo escenario ambiental, forzado en gran parte por la sequía y que han originado una serie de acciones vinculadas a la reforestación, sanitización de colmenas y otros, sin embargo, a pesar de esos esfuerzos sentenció que la producción continúa decayendo.