Agricultura en el Desierto: Cosechan los primeros tomates 0% carbono, cultivados en el Desierto de Atacama

A casi 70 km de la comuna de Copiapó, en el norte de Chile, se llevaron a cabo dos hitos que permiten ver el futuro con más esperanza en materia medio ambiental: por una parte, se cosecharon los primeros tomates cultivados en el Desierto de Atacama con 0% huella de carbón, trasladados en un vehículo eléctrico; y por otra, este vehículo eléctrico ha sido cargado en la primera electrolinera de Latinoamérica conectada directamente a una planta solar fotovoltaica, según información de First Solar. El objetivo es demostrar que existe la tecnología para producir vegetales en el desierto y trasladarlos sin huella de carbono.

La huella de carbono es un indicador ambiental que pretende reflejar «la totalidad de gases de efecto invernadero emitidos por efecto directo o indirecto de un individuo, organización, evento o producto». Reducir la huella de carbono es parte de los compromisos internacionales adquiridos por Chile, hasta llegar al carbono neutral que, en simple, significa que las emisiones tiendan a cero. La agricultura en el desierto proporciona alimentos a millones de habitantes y la recuperación de espacios naturales. Países como Somalia, Etiopía, Níger, Egipto, Israel o Chile demuestran que la innovación y el uso de técnicas sencillas hacen posible el cultivo de diversas especies.

 

El desierto de Atacama tiene una extensión aproximada de 105.000 km². Es considerado el lugar, no polar, más seco del mundo. La mayor parte del desierto está compuesto por terreno pedregoso, salares, arena y lava félsica que fluye hacia los Andes. En general el relieve de esta zona se caracteriza por la alternancia sucesiva de cordones montañosos y valles de sentido transversal. Completamente desprovisto de vegetación en la época prehispánica y colonial, una gran área de llanura conocida como Pampa del Tamarugal estaba cubierta de bosques, con la demanda de leña asociada a la minería de plata y salitre que causó una deforestación generalizada en los siglos XVIII y XIX.

Ha experimentado una hiperaridez extrema durante 3 millones de años, lo que la convierte en la región continuamente árida más antigua de la tierra. Atacama es tan árido que muchas montañas de más de 6.000 m están completamente libres de glaciares. Sólo los picos más altos (como Ojos del Salado, Monte Pissis y Llullaillaco) tienen cierta cobertura de nieve permanente. Algunos lugares de Atacama reciben una niebla marina conocida localmente como camanchaca. Esta proporciona suficiente humedad para algas hipolíticas, líquenes e incluso algunos cactus. En las zonas más áridas del desierto, podemos encontrar especies adaptadas a estas condiciones extremas como: Cactáceas: cactus Copioaoa; arbustos: cachiyuyo; árboles: tamarugo y algarrobo blanco. Todas estas especies presentan gran resistencia a la deshidratación y salinidad. En las zonas más húmedas existe mayor riqueza y diversidad.

Sara Plaza, de 67 años, aún recuerda cuando guiaba a las ovejas de su familia por un antiguo camino inca entre pozos y pastizales. Hoy observa un motor que bombea agua fresca desde debajo del humedal Tilopozo, en su mayoría seco. “Ahora las mineras se llevan el agua”, lamentó, mostrando la hierba muerta alrededor de ruinas de piedra que alguna vez ofrecieron un refugio nocturno para los arrieros.

De hecho, en el desierto de Atacama, tiene lugar uno de los fenómenos más hermosos a nivel mundial, conocido como “el desierto florido”. Se relaciona con el fenómeno de El Niño, en el que las mareas se calientan produciendo precipitaciones y con ello, la germinación de más de 200 especies de flores, la mayoría de carácter endémico.

Este desierto chileno concentra la mayor parte de la observación astronómica del mundo. Es lo más parecido a viajar a Marte aquí en la Tierra. Un desierto inmenso donde la sombra da a las rocas y a la arena una coloración rojiza. De hecho, dice el periódico La Vanguardia de España, la NASA utiliza Atacama como campo para preparar misiones en busca de vida, pasada o presente, en Marte.

Atacama se ha convertido en uno de los epicentros mineros más concurridos del planeta, tras descubrimientos de depósitos enormes de cobre y litio. La joya de la corona de la minería de litio es un enorme salar 10 veces más grande que el Central Park de Nueva York. Extraer los minerales requiere trabajar a una altura cercana a los 2.000 metros sobre el nivel del mar. El paisaje desértico está lleno de lagunas poco profundas en las que anidan los flamencos en medio de volcanes y montañas.

El documento Gran Minería y localidades agrícolas en el norte de Chile: Comparación Exploratoria de tres casos, recogido por la Revista de Antropología Chilena, vol. 48, núm. 2, 2016, nos advierte que no todo es miel sobre hojuelas: La minería utiliza en su proceso productivo volúmenes importantes de agua, con lo cual, su incremento ha implicado dinámicas de conflicto entre grandes empresas y actores locales por su control, uso, almacenamiento y contaminación. Disputas por el agua son observables en Chile y otros países de América Latina, donde la mayoría de los actores locales corresponden (o correspondieron) a comunidades campesinas (agricultura familiar), algunas de estas reivindican con mayor o menor fuerza una identidad étnica.

Tomates en el desierto

Esta actividad contó con la participación del delegado presidencial, Patricio Urquieta, quien dijo que “hemos querido impulsar iniciativas en el ámbito estructural del país para cambiar la matriz energética y realizar una contribución muy importante para que podamos cumplir esa misión que nos hemos trazado en Chile de alcanzar la carbono neutralidad al año 2050”.

Gabriel Ortiz, Assent Mannager del Parque Luz del Norte First Solar, explicó: “Éste fue un proyecto totalmente ideado por los trabajadores de la planta fotovoltaica, nosotros lo hicimos con nuestros abuelos y nuestros hijos, tanto en la construcción del invernadero, como la siembra de todas las semillas y, después de cuatro meses de cuidado de las plantas, hoy todos cosechamos tomates”

Finalmente, la seremi de Energía, Kim-Fa Bondi, dijo que “estos son dos hitos tremendamente importantes para la región que vienen en señal de que los proyectos de energía no solamente pueden producir energía limpia y aportar a la matriz renovable de nuestro país, sino que también pueden ser buenos vecinos tomando otras iniciativas que aporten directamente a beneficiar la calidad de vida de todos los habitantes de la región a través de iniciativas concretas, pero también diversas como la instalación de una electrolinera que es de acceso gratuito para todas las personas que quieran usarlo y el cultivo de tomates que van a entregar de forma gratuita al Establecimiento de Larga Estadía para los Adultos Mayores de la región”.

Otras experiencias

El Centro Agrícola del Desierto de Altura CEADA es un proyecto de Minera Zaldívar y la Universidad de Chile, que impulsa la investigación de cultivos con potencial bioenergético al interior de la operación. Sorprende saber que, en plena pampa de la Región de Antofagasta, 170 kilómetros al este de la capital regional y a 3.200 metros de altura, en pleno corazón de la faena de Minera Zaldívar, 5.000 plantas afianzan sus raíces, tallos y hojas, luchan diariamente por sobrevivir en terrenos hostiles, con el único fin de entregar su propia riqueza presente en sus capacidades genéticas. Se trata de un incalculable aporte a la investigación de especies con alto potencial bioenergético y contribución además en la disminución de la huella de carbono. La iniciativa radica en el estudio de cultivos con potencial bioenergético que sobrevivan en condiciones hostiles, como suelos con altas concentraciones de diversos minerales existentes en forma natural con alta conductividad eléctrica -características propias del suelo desértico- lo que hace compleja la existencia de flora.

Los abordajes que se hacen para transformar la matriz energética del país son múltiples, y para recuperar el suelo perdido por la desertificación también: riego tecnificado, hidroponía, invernaderos y las Energías Renovables No Convencionales, ERNC, buscan ese fin. Consultado el presidente de MUCECH, Orlando Contreras, acerca de estas iniciativas, nos recuerda que hay antecedentes históricos donde el mundo campesino estableció asentamientos y pudo sobrevivir en condiciones extremas. Las instituciones que trabajan para transformar suelos aparentemente inertes en suelos verdes tienen un componente de pluralidad porque se requiere de un gran abanico de políticas públicas para intervenir suelos tan deteriorados y en condiciones de vida muy álgidas. Muchos campesinos, pertenecientes a la agricultura familiar, desde tiempos remotos han hecho parir el desierto y alimentar con su trabajo a las familias asentadas en esos territorios. Aunque se ha dicho muchas veces la Agricultura Familiar Campesina tiene como objetivo reducir la pobreza rural y mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición a través del desarrollo territorial rural, promoviendo la creación de sinergias entre la agricultura y otros sectores del desarrollo social y rural”.

“En Chile, la agricultura en desierto muestra sus primeros indicios hace 2500 años atrás, en el lugar denominado Ramaditas, en la región de Tarapacá en el norte de Chile, los indígenas crearon la primera aldea en pleno desierto, sobre una planicie donde desviaron los cursos de agua que provenían de una quebrada por donde escurría agua desde el altiplano. Las evidencias arqueológicas muestran que fueron capaces de establecer y cultivar 600 Ha, donde se cultivaba papa, amaranto, quinua y maíz”. Esta información es recogida de un ensayo del Ph. D. José Gregorio Delatorre Herrera, Facultad de Recursos Naturales de la Universidad Arturo Prat, Iquique.

Son más de mil hectáreas en las que se está realizando agricultura en el desierto, donde los agricultores del sector se han asociado para poder cultivar hortalizas y frutales, utilizando en toda su extensión riego por goteo para optimizar el recurso hídrico.