Instituciones y Organizaciones de carácter público, de cooperación internacional y privadas estimulan la Asociatividad y el Cooperativismo
En medio de la crisis de confianzas en las instituciones y las empresas, la dificultad de acceso de entrada a bienes y servicios elementales y, en definitiva, de consolidar al ser humano en sujeto de derecho, es por ello que el enfoque de derechos de las políticas públicas utiliza el marco conceptual que brindan los derechos humanos para especificar estándares, principios y obligaciones. Clarificando, como señala Enrique Varsi Rospigliosi en el documento Clasificación del sujeto de derecho frente al avance de la genómica y la procreática, “a diferencia de la individualidad, el sujeto de derecho colectivo está determinado por un grupo de personas que buscan un objetivo en común para satisfacer sus intereses. Frente a esta situación se ha creado una estructura jurídica tendente a regular la pluralidad, la diversidad de personas, asumiendo un criterio legal y otorgar personería jurídica al grupo. En este rubro tenemos a la persona jurídica y al ente no personificado”.
Cuando el radio de gestión se amplía producto de las adecuaciones al cambio climático y las innovaciones tecnológicas propias del desarrollo, se reconocen con mayor nitidez y no siempre con mayor conciencia, las grandes variables de este tiempo, y desde cono de sombra como son siempre los nacimientos de nuevas épocas, surge el cooperativismo como una posible respuesta a las demandas, exigencias, necesidades del ser humano para su sobrevivencia afín con la naturaleza y en comunión con todo ser viviente. Para recordar, el cooperativismo es un movimiento que surgió a fines del siglo XIX en Europa y que se define como la asociación de personas que se unen en forma voluntaria para satisfacer en común sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales, mediante una empresa que es de propiedad colectiva y de gestión democrática.
La asociatividad tiene múltiples atributos, entre ellos permite generar economías de escalas que pueden consolidarse para avanzar hacia el desarrollo sustentable y mejorar la calidad de vida de las comunidades. Por tanto, el Plan Nacional de Asociatividad tiene como propósito principal lograr el desarrollo de la asociatividad en los territorios al año 2030, permitiendo llegar a más usuarios a través de capacitaciones a productores para la formación y acompañamiento de grupos asociativos con los instrumentos necesarios.
“Desde la Asociación Nacional de Cooperativas de Chile, reforzamos nuestro compromiso para seguir colaborando a ODEPA y la FAO en el desarrollo e implementación de la estrategia y plan de trabajo para promover la asociatividad en el sector silvoagropecuario de Chile, relevando la importancia de la colaboración y el trabajo mancomunado para alcanzar objetivos comunes”, señaló el presidente de la Asociación Nacional de Cooperativas de Chile, Rodrigo Silva.
Eve Crowley, representante de la FAO en Chile, valoró la “importancia de la creación de esta instancia que realza el rol de la asociatividad frente a los desafíos de la recuperación y transformación de los sistemas agroalimentarios. También destacó la necesidad de que se construyan acciones participativas que promuevan el desarrollo de ecosistemas cooperativos que permitan generar las condiciones legales, normativas, tributarias y de política pública en general para el desarrollo de cooperativas”.
Este Consejo Asesor de Asociatividad tiene un importante carácter público-privado, lo que permite dirigir la construcción de una estrategia de intervención y desarrollo con un horizonte a largo plazo a través de una mirada transversal y participativa. Una de las herramientas de INDAP apunta al momento de la conformación de las cooperativas o asociaciones campesinas, que luego acompaña en la gestión de recursos y comercialización, es el PAE que el último año atendió a 96 Empresas Asociativas Campesinas: 60 de ellas son cooperativas, 33 están formadas solo por mujeres y 24 por productores que pertenecen a pueblos originarios. el Programa de Asociatividad Económica (PAE), que tiene como objetivo el desarrollar y/o fortalecer las empresas asociativas campesinas y los grupos preasociativos a través de la optimización del negocio, la estructura organizacional y la articulación con el mercado, contribuyendo a la economía de la agricultura familiar campesina.
La importancia de la asociatividad tiene múltiples vertientes. Una de ellas, es resaltar significativamente el modelo cooperativo. En forma individual es muy difícil acceder a la tecnología. En definitiva, la economía social es un componente fundamental de la sociedad civil organizada que adopta posturas y da su opinión a los poderes públicos en la elaboración de políticas que afectan a la vida de los ciudadanos, contribuyendo de manera muy significativa a la construcción de una sociedad plural, más participativa, democrática y solidaria.
“Las cooperativas se fundamentan en una filosofía basada en los valores de la ayuda mutua, responsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad. Crear conciencia de compañerismo y asociatividad en condiciones sociales y ambientales que exacerban el individualismo, resulta épico. Tampoco resulta fácil explicar que más importante que la competencia es la colaboración, aunque se formule bajo ejemplos biológicos”- dice Orlando Contreras, presidente de MUCECH y concluye “el cooperativismo no es un movimiento social que nace de la noche a la mañana. Requirió del aporte de muchos hombres y mujeres para consolidarse como una forma de organización empresarial”.


