La Seguridad Hídrica: en la Búsqueda de Medidas Confiables para Fortalecer la Resiliencia frente al Cambio Climático
Los cronistas de la colonia explicaban que al ingresar a un determinado poblado debían dejar los caballos en los bosques aledaños, por ejemplo, en la ciudad nortina de Copiapó. Como todo imaginario nacional, la idea de Chile como un lugar con una naturaleza salvaje y hostil ha sido construido desde los primeros relatos que describieron al país. Como lo explica Amarí Peliowski en su documentado artículo La conquista de la naturaleza: el imaginario arquitectónico de Alonso de Ovalle en el siglo XVII. Las crónicas de la conquista y colonización de Chile, redactadas en los siglos XVI y XVII, estuvieron fuertemente marcadas por el tema de la naturaleza, inaugurando una identidad nacional vinculada a los atributos geográficos y a la abundancia vegetal y animal del territorio chileno. El bosque de Copiapó ya no existe. La desertificación amenaza Santiago, la capital, y la sublimación de la naturaleza del pasado ahora es un recuerdo hermoso.
Las sociedades han cambiado y han estado desde siempre en permanente construcción. En este contexto la seguridad hídrica se ha convertido en una preocupación en el campo social, económico, político y ambiental. La sostenibilidad de las cuencas hidrográficas se enmarca en la adaptación a las condiciones variables del clima, el uso de la tierra y la demografía cambiante de la población. La Seguridad Hídrica es la capacidad de la humanidad de proteger el acceso sostenible al agua para el sostenimiento de los medios de vida, el bienestar y el desarrollo socioeconómico. Al mismo tiempo que emprende acciones para proteger los ecosistemas que brindan el recurso hídrico para millones de personas en las principales ciudades de la región.
Los recursos hídricos se encuentran con frecuencia en situación de estrés producto de la agricultura, responsable de, aproximadamente, el 70% del total de las extracciones de agua dulce en el mundo. La Oficina de Estudios y Políticas Agrarias, ODEPA, señala: Sólo en los últimos 50 años el agua ha sido vista como un recurso escaso para la humanidad. En la medida que su consumo ha ido creciendo a ritmos insostenibles en relación con la real disponibilidad, el problema de deterioro de las cuencas hidrográficas del mundo es creciente. El agua cumple tres roles esenciales para la sostenibilidad del desarrollo mundial: aseguramiento de la salud humana, desarrollo económico y sustentación de importantes ecosistemas. Más del 70% de los recursos hídricos en el mundo se usan para producir alimentos, de modo que una crisis del agua necesariamente repercutirá en el abastecimiento de alimentos y el precio de éstos.
Como país vivimos ahora una situación catalogada por los estudiosos del cambio climático, como mega sequía. El bosque esclerófilo, conocido como bosque siempre verde debido a su follaje perenne, capaz de soportar periodos secos de forma prolongada, es uno de los más afectados producto de la mega sequía. Hoy, la zona central del país vive una de las sequías más extensas desde que hay registros, siendo la más prolongada y cálida desde 1900. El otoño recién pasado, definido como el trimestre marzo, abril y mayo, estuvo marcado por déficit de precipitaciones y temperaturas más cálidas de lo normal. Así lo muestra un análisis realizado por la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), que señala que entre las regiones de Coquimbo y O’Higgins se registró un déficit hídrico entre un 70 y un 100%, mientras que las temperaturas superaron los 4ºC por encima del promedio climatológico.
Sin duda cada año que pasa las probabilidades de tener un año con precipitaciones cercanas a los valores normales disminuyen gracias al impacto del cambio climático. No obstante, la sequía que nos aqueja en la actualidad podría ser similar a las condiciones climáticas más cálidas y secas pronosticadas para un futuro, donde podrían desencadenarse estos fenómenos con mayor frecuencia y severidad. Así indica Ariel Muñoz, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 y académico del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
“Sabemos que tenemos menos agua y tenemos también menos vigor de la vegetación, y eso a su vez genera, por ejemplo, menos polen y néctar para producir miel. Entonces esto es una cadena de impacto. Definitivamente esto ha dejado más evidente que nunca que la manera como se ha distribuido el agua vulnera los derechos incluso de los propios usuarios que tienen el derecho de agua. No pueden ni siquiera utilizarlo porque no hay agua. Entonces, podría decirse que es un escenario que se vislumbra muy catastrófico, pero no muy lejano de lo que van a ser las condiciones de la disponibilidad de agua en el futuro”, señala Muñoz.
Otro de los ecosistemas más afectados por este fenómeno son los glaciares. Chile es un país reconocido por sus impactantes témpanos y se calcula que alberga casi el 80% de estos en Sudamérica. Siendo las reservas de agua dulce más importantes del mundo, los glaciares se encuentran en un enorme peligro debido a su derretimiento prematuro, acelerado por el cambio climático. Si a esto le sumamos la mega sequía que golpea a la zona centro del país, los glaciares se encuentran en una situación crítica sin precedentes.
Las soluciones basadas en la naturaleza abarcan una amplia gama de enfoques y parten de la noción de que cuando los ecosistemas son saludables y están bien administrados, brindan beneficios y servicios esenciales a las personas. Algunas de estas son, por ejemplo, los sistemas de drenaje sostenible, donde se busca, por un lado, recargar los acuíferos, pero también redistribuir el agua en el subsuelo. Disminuyendo de esa manera las corrientes y mejorando la infiltración.
La solución basada en la naturaleza más común tiene que ver con la reforestación del bosque nativo. Las especies nativas están adaptadas a la zona geográfica a la que pertenecen, por ende, proporcionan una gran cantidad de beneficios ecosistémicos como favorecer la infiltración de agua; mejorar la estructura de los suelos al aumentar la materia orgánica; disminuir la erosión; ayudar a regular el clima; entre otros. Por ello reforestar es la primera opción al momento de restaurar los ecosistemas nativos.
Así mismo, otros ejemplos son los distintos tipos de infraestructura creada para aumentar la infiltración de agua en el suelo, como son las infraestructuras ancestrales y la infraestructura verde. “La idea es devolverle al suelo la capacidad de infiltrar el agua-lluvia y devolverle esa capacidad de absorber como una esponja. Con estas técnicas, se pretende atrasar lo más posible el paso del agua para que sea captada por el suelo. De esta forma se recargan los acuíferos y napas subterráneas, los cuales son muy necesarios en momentos de sequía”, señala Ulrike Broschek, subgerenta de sustentabilidad de la Fundación Chile.
La corresponsabilidad y seguridad hídrica para todos los agricultores corresponde también a una prioridad de este nuevo ministerio de agricultura. A juicio de Valenzuela, aquí puede haber dos extremos: el estatismo y el privatismo, el que aclara, no funciona, y los actores son cada vez más conscientes de ello. En esta área a trabajar aparece nuevamente el gran sello que marca a este ministerio, la necesidad de crear confianzas y trabajar entre todos.

En este sentido el ministro señala que, si bien hubo avances en el Código de Aguas, se debe ir a las autoridades regionales y a los directorios regionales de cuencas y agua, donde por cierto estarán los actores clásicos, tales como la DOH, la DGA y las Juntas de Vigilancia. Pero deben entrar otros. “Tienen que entrar las APR (Agua Potable Rural), tienen que entrar las asociaciones de municipios, tienen que entrar los Gobiernos Regionales y el Ministerio de Medio Ambiente. Eso ya no resiste. Y el propio mundo agrícola ha dicho que hay problemas con la planificación territorial. El exceso de parcelamiento en algún área en que empiezan a haber pozos para parcelas de agrado y no hay agua para pequeños productores; entonces hay un problema ahí de ordenamiento territorial, de manejo responsable de las cuencas”.
“No podemos repetir lo claroscuro del caso Petorca, ni de Aconcagua. Eso obliga a esto: a que nos sentemos y dialoguemos”. Además de crear acuerdos y una participación con multi actores en torno al agua, la tarea pasa porque todos los productores tengan acceso y seguridad de riego. El ministro Valenzuela piensa específicamente en los pequeños productores, los que a su juicio tienen muchas barreras: deben contar con una cantidad de hectáreas o derechos de agua inscritos y reflexiona: “Creo que ha faltado generosidad territorial y ha faltado también que la CNR e INDAP, que ahora se han puesto más las pilas, se colaboren en mirar el sector. Según los datos nuestros, solo el 5 % de los proyectos de agua de riego han llegado de verdad a la Agricultura Familiar Campesina y comunidades indígenas”.
Como conclusión esta explicación aclaratoria de la página web fondos de agua: Tener seguridad hídrica implica la capacidad de proporcionar agua en suficiente cantidad y calidad para satisfacer las necesidades agrícolas, industriales, de energía y domésticas. Por esa razón, para garantizarla, además de pensar en las tuberías, plantas de tratamiento y demás infraestructura que permite llevar el agua hasta las ciudades, es fundamental preservar la integridad de los sistemas ambientales que son la fuente natural del agua.
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