Con presencia del presidente de la República, autoridades del sector y organizaciones campesinas, se celebró el Día de las Campesinas y Campesinos en Chile
Cada 28 de julio se celebra en Chile el Día Nacional de las Campesinas y Campesinos en conmemoración de la ley de Reforma Agraria y la Sindicalización Campesina. Asimismo, la fecha reconoce el aporte de hombres y mujeres del mundo rural al crecimiento económico y social de los sectores rurales del país.
La Reforma Agraria es un hito que marcó un antes y un después en la vida del campesinado y el mundo rural. Fue promulgada en 1967 por el presidente Eduardo Frei Montalva e implementada posteriormente por el presidente Salvador Allende Gossens, que mejoró y amplió la reforma promulgada en 1962 por el gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez, cuyas medidas fueron insuficientes. En el contexto de la creación de la primera Ley de Reforma Agraria el 27 de noviembre de 1962, nace INDAP, cuyo principal objetivo en esa época consistió en brindar asesoría técnica, crediticia, organizacional y de capacitación a los campesinos a nivel nacional, para que éstos contaran con las herramientas pertinentes para el manejo de las cooperativas campesinas y, si el panorama fuese favorable, para la administración de sus nuevas tierras.

Según el Movimiento Unitario Campesino y Etnias de Chile, MUCECH, el desarrollo y modernización de la Agricultura Familiar Campesina e Indígena, debe conducir a generar las condiciones para que la agricultura familiar campesina e indígena, en su conjunto se desarrolle en lo productivo, cultural, medioambiental y económico; que los trabajadores del campo cuenten con una protección efectiva en su trabajo, que las leyes recoja las características del sector y que proteja efectivamente a los temporeros/as; que los beneficios del desarrollo del sector alcancen a todos los habitantes y trabajadores rurales, de tal forma que se mejoren los ingresos y la calidad de vida de todos los habitantes rurales; que el desarrollo del sector permita utilizar plenamente sus recursos productivos, en forma sustentable, económica, social y medioambientalmente; incorporar la diversidad regional agroecológica, etaria, de género, étnica, y de tamaño al desarrollo rural, manteniendo su identidad y cultura. La Reforma Agraria cambio la estructura de propiedad de la tierra y es, para muchos historiadores, uno de los hitos más importantes en el desarrollo civilizatorio del país: El campesino deja de ser un hombre de segunda clase porque se le considera un ser humano con dignidad y comienza un proceso de alfabetización.

Esta mañana, 26 de julio, el presidente de la República, Gabriel Boric Font, llegó hasta la Piscina Municipal -comuna de Melipilla- junto al ministro de Agricultura, Esteban Valenzuela, para participar en la conmemoración del Día de las Campesinas y el Campesinos, acompañados por las organizaciones nacionales campesinas. Resulta simbólico que la celebración fuera en este sitio ya que muy cerca de ese lugar, en Culibrán, se instaló la primera piedra de lo que fue el proceso emancipatorio del mundo rural y que dio inició al proceso de reforma agraria en todo el país.
La actividad también permitió que las y los cerca de 300 representantes instituciones públicas y privadas del Agro exhibiesen sus productos en el marco del Mercado Campesino INDAP 2022, parte del plan “Siembra por Chile”. Esta última iniciativa contempla un plan de medidas para apoyar la reactivación económica del país, la mitigación de precios, la generación de empleos y la seguridad alimentaria de sus habitantes, con foco especial de inversión en la Agricultura Familiar Campesina (AFC) e Indígena.

El primer mandatario participó de una muestra fotográfica y reconocimiento a campesinas y campesinos por su contribución al desarrollo del país con especial simpatía por la naturaleza y los procesos biológicos naturales. La importancia de la agricultura familiar campesina es innegable. No sólo desde el punto de vista productivo, sino porque también dota al país de múltiples identidades y de una espiritualidad rural de tanta significación que el Cardenal Raúl Silva Henríquez, llamó a este sector “la reserva moral de Chile”. La agricultura familiar campesina e indígena, en particular, juega un papel importante no sólo en la producción de alimentos, sino también en la cohesión social, el suministro de energía a partir de recursos renovables, la conservación de agrobiodiversidad (incluyendo semillas tradicionales), el cuidado del suelo agua, regulación del clima, la selección de semillas y su curatoría, la oferta de servicios recreativos y de atención de la salud, junto con la mantención de paisajes bioculturales patrimoniales, entre otros. La agricultura familiar campesina e indígena da vida y alimenta a ciudades y abastece la mayor parte de los pueblos del país. Que la agricultura familiar campesina e indígena pueda alimentar de forma segura y sana a sus propios territorios y al país se vuelve un imperativo ético, socio-ecólogico, de salud (físico y mental) e, incluso, de sobrevivencia.

Una de las mayores amenazas que hoy enfrenta la sobrevivencia del planeta es la pérdida de la biodiversidad en sus diferentes expresiones. Las causas de esta pérdida pueden ser resumidas en el uso de un modelo de desarrollo no sustentable y en el fomento de una cultura que promueve un modo de consumo que favorece la concentración a través de la privatización, la homogenización a través de las nuevas tecnologías y la desacralización de la naturaleza.
Como señala la Red de Conservación de la Biodiversidad Campesina, “el hecho de que en la actualidad el 90% de las tierras con mayor biodiversidad en el mundo sean manejadas por comunidades agrícolas y pueblos indígenas indica que la estrecha relación entre cultura, modos de consumo y concepciones de desarrollo, característica de las culturas rurales, ha sido más efectiva y beneficiosa para la humanidad de lo que comúnmente pudiera haberse pensado; y que existen prácticas, saberes y formas de relación con el hábitat que las sociedades modernas y urbanas deben aprender de las agro-culturas y aplicarlas para preservar la biodiversidad”. En términos numéricos, la agricultura familiar campesina e indígena abarca el 85% de las explotaciones agropecuarias del país, y cerca de 262 mil pequeños agricultores trabajan un cuarto de la superficie cultivable de Chile. De este total, al año 2021, 162 mil son apoyadas por INDAP a través de programas e instrumentos de fomento y crédito. De esta forma el mundo campesino y rural representa una de las mayores fuentes de generación de los alimentos que llegan a los hogares de todo Chile, contribuyendo a la seguridad y soberanía alimentaria del país.

“El cambio climático- señala la FAO-, la pérdida de biodiversidad y los riesgos alimentarios a nivel planetario, obligan a mirar a la agricultura familiar o de pequeña escala como un elemento estratégico. Ejemplo de los riesgos anteriormente señalados, es que el 75% de los alimentos que se producen en el planeta, “proviene de tan solo 12 plantas y de 5 especies de animales —lo que expone el sistema alimentario mundial a una gran vulnerabilidad ante los fenómenos de conmoción”. Esto transforma a la agricultura familiar es el espacio privilegiado en la provisión de alimentos, la preservación de la diversidad genética y del cuidado de sistemas frágiles: “Las políticas a favor de los agricultores familiares demostrarán el gran potencial de estos para garantizar la seguridad alimentaria, aumentar la resiliencia frente al cambio climático, conservar la biodiversidad y apuntalar las economías regionales. Para ello, se necesitará un sector agrícola familiar más fuerte que integre a hombres, mujeres, jóvenes y generaciones futuras con eficacia y sostenibilidad”.
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Fotografías: Archivos Presidencia de la República, Radio Cooperativa.
Fuente: Presidencia de la República, Ministerio de Agricultura, INDAP y Movimiento Unitario de Campesinos y etnias de Chile.


