¿Cómo podemos solucionar el gran problema de la inseguridad alimentaria, agravada por la pandemia, en nuestra región?
Tenemos una cuenta que no se cierra, y hay un problema muy grave pasando ahora mismo. La región de América Latina y el Caribe está listada como la principal productora de alimentos del mundo, con potencial para aportar más de un cuarto de los productos agrícolas y pesqueros del planeta, según proyecciones de los organismos especializados Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Pero, al mismo tiempo que hemos alcanzado este nivel de abundancia, el nivel de inseguridad alimentaria en los países latinos sigue siendo muy alto y extremadamente preocupante. Actualmente hay más de 47 millones de personas que viven con hambre, y decenas de millones más en una situación de inseguridad moderada o severa. También existe la perspectiva real de incrementar esta cantidad, dadas las múltiples dificultades económicas y sociales provocadas por la pandemia de Covid-19, que ha afectado a muchas familias en la mayoría de los países de la región, dificultando su acceso a alimentos de calidad.
Es cierto que este problema ya despertó nuestra preocupación y alerta incluso antes de que tuviéramos una crisis sanitaria mundial. En los últimos cinco años las estadísticas sobre el hambre en la América Latina y Caribe han empeorado constantemente, y suena la alarma de la urgencia de que las autoridades gubernamentales actúen con más vehemencia para revertir este proceso.
Pero para establecer estrategias y acciones asertivas en esta dirección, es necesario reconocer la raíz del problema. O las raíces, porque creemos que hay muchas. Una muy llamativa es la falta de políticas públicas adecuadas y efectivas para el sector de la Agricultura familiar, Campesina e Indígena (AFCI) en los países, en iniciativas que estimulen la producción y ofrezcan condiciones más dignas a los productores y productoras de alimentos. Otros problemas se encuentran en las bases y la dinámica de los sistemas agroalimentarios.
Nosotros de COPROFAM hace algún tiempo que estamos insistiendo en estos temas con las autoridades del MERCOSUR Ampliado en la Reunión Especializada de la Agricultura Familiar (REAF) y con las organizaciones de las Naciones Unidas FAO y FIDA en el Comité Mundial de Seguridad Alimentaria (CSA/FAO). Este mes de marzo, la FAO publicó un boletín que aborda la importancia de una transformación amplia de los sistemas agroalimentarios actuales, basada en una verdadera reconstrucción de toda la lógica en la que se consolidan hoy.
En el análisis de los problemas que dificultan el fortalecimiento de estos sistemas y la ampliación de su alcance para el acceso de más personas a los alimentos, especialmente en el momento actual marcado por la pandemia, se encuentran aspectos como la alta informalidad de los trabajadores involucrados, principalmente mujeres, jóvenes, inmigrantes e indígenas; la interrupción de las cadenas de comercialización por las restricciones impuestas para combatir la propagación del virus; la vulnerabilidad de las naciones dependientes de la importación de alimentos e insumos para la producción agrícola y, finalmente, las dificultades relacionadas con la producción, transporte y comercialización de productos agrícolas perecederos.
Estas vulnerabilidades identificadas por la FAO en nuestra región ya brindan una descripción general de lo que necesita más atención y solución para avanzar en la construcción de sistemas alimentarios más resilientes, inclusivos y sostenibles. El documento compartido por la agencia también aborda directrices que podrían ser los primeros pasos a trabajar por parte de los gobiernos, con miras a fortalecer el mercado laboral y las estructuras para la comercialización de productos agroalimentarios, reducir la vulnerabilidad de las naciones que dependen de las importaciones, entre otras acciones.
Esperamos que, además de ser escuchadas y aceptadas por las autoridades, estas acciones puedan dialogar realmente tanto con los problemas a resolver como con la mejora de otros aspectos de los procesos productivos de la AFCI. Además de resolver los problemas de seguridad alimentaria, también se espera que los sistemas agroalimentarios contribuyan al crecimiento de la economía, la reducción de las desigualdades sociales y la preservación de los ecosistemas.
Cierro el editorial de esta semana enfatizando que la pandemia ha empeorado en muchos de nuestros países, y eso requiere aún más precaución y acción gremial en este momento. La América Latina ha perdido hasta ahora más de 730 mil vidas a causa de Covid-19 y tiene más de 23 millones de personas infectadas. Recomiendo a nuestras afiliadas a reforzar el cuidado y la atención preventiva contra el Coronavirus en la comunicación con las bases de ustedes. Proteger vidas en el campo es la máxima prioridad en estos tiempos difíciles, con la esperanza de que estas personas que cuidamos hoy puedan experimentar las transformaciones positivas que proyectamos para la AFCI en un futuro próximo.
Alberto Broch – presidente de COPROFAM


