Algunas ideas para contribuir al Mejoramiento de la Educación Rural ante un Escenario de Crisis

“El hombre no es una hoja en blanco sobre la cual la cultura puede escribir su texto”, escribió Erich Fromm. Uno de los grandes pensadores chilenos, siquiatra y escritor, Claudio Naranjo hablaba de la necesidad de “Cambiar la educación para cambiar el Mundo”. Naranjo fue un gran difusor de la terapia Gestalt, que nació como una improvisación y se convirtió en un programa que originó una organización no lucrativa llamada el Instituto SAT, en el que el médico se desempeñó como diseñador del proceso y supervisor de la actividad. De acuerdo con la Fundación Claudio Naranjo: Seekers After Truth”, cuyas iniciales “SAT” coinciden con el término sánscrito que hace referencia a “verdad” y “ser”, y, simbólicamente, representan la antropología trinitaria que caracteriza su propia comprensión de la vida psíquica, eco de las tres fuerzas cósmicas: afirmativa, negativa y neutralizante expresadas por Gurdjieff, y también de las tres “personas internas” planteadas por Tótila Albert: padre, madre y niño.
“La humanidad evoluciona, pero la educación queda fija. Los libros pueden ser nuevos, pero la forma y el contenido de la educación se han petrificado; la ciencia progresa, pero el conocimiento se queda atrás; el niño y el joven evolucionan, pero el profesor queda atado a su forma de enseñar”- explica Nicole Diesbach del Instituto de Investigaciones Pedagógicas Baja California. La misma profesora indica¨ La evolución es dar un paso en la conciencia. No basta ver, sino atreverse, es un ver en movimiento, es ir más allá de la constatación, es quitar los obstáculos y dejar fluir la vida que nos anima.
Es lo que realiza Claudio Naranjo: ve y se atreve. Mirando el mundo actual y su desarrollo parecen irrelevantes los procesos formativos de las escuelas clásicas. Tenemos, hoy, una educación fosilizada que no responde a las nuevas necesidades del ser humano y su condición humana. Le educación promueve o debiera intentarlo, según Naranjo, “la libre realización de nuestras potencialidades evolutivas y creativas” y añade sabiamente que este tipo de educación es “urgente para nuestra supervivencia colectiva”.
Todo esto para indicar que, sin individuos formados para la paz, la justicia y los derechos humanos, la posibilidad de la guerra siempre será una posibilidad. Claudio Naranjo propone la educación holística, que prefiere llamar educación integral, la cual comporta la integración de los conocimientos, la integración intercultural, una visión planetaria de las cosas, un equilibrio entre teoría y práctica, en fin, una atención tanto en el futuro como en el pasado y el presente. La educación integral abarca la totalidad de la persona: cuerpo, emociones, intelecto y espíritu. La educación rural también debe sostenerse en esos principios, más allá del aula y de los espacios ritualizados para ese efecto. También los instrumentos de intervención en la ruralidad debiéramos dotarlos de esos principios orientadores.
“Educar para la paz es invitar a actuar en el microcosmos escolar y en el macronivel de las estructuras sociales. Los componentes de la educación para la paz son: la comprensión internacional, los derechos humanos, el mundo multicultural, el desarme, el desarrollo, el conflicto” (Revista Iberoamericana de Educación, Julio Vidanes Díez). La educación en el contexto rural representa un sendero de conocimientos y saberes aprovechables hacia el resguardo de la conciencia y conquista del hombre sobre los diferentes espacios naturales, en esa tendencia de desarrollo de los pueblos cuando la prioridad se enfoca en la búsqueda constante de mejores condiciones de vida.
En América Latina, millones de pequeños y medianos productores agropecuarios han quedado fuera de los beneficios de los procesos de modernización del agro, y de las corrientes globalizadoras, ahondando las diferencias socioeconómicas de los diversos sectores sociales e incrementando los niveles de pobreza rural. Por otra parte, la agricultura y la sociedad debe reconocer la función socioambiental de la tierra, el mar y los recursos naturales en el contexto de la soberanía alimentaria. El uso de los recursos naturales debe estar primeramente al servicio de la producción de alimentos. Un factor preponderante es la adaptación y uso de las tecnologías, y de la ciencia en general, en el desarrollo del mundo rural. Este conocimiento específico requiere de una educación formal previa que vincule la enseñanza-aprendizaje a los propósitos de mejoramiento de la calidad de vida con pleno respeto por el medio ambiente: desde esa perspectiva es necesario crear vínculos entre la biotecnología, la productividad y los ingresos en algunas cadenas de valor basadas en la agricultura, por ejemplo, respetando las comunidades locales y sus conocimientos ancestrales, como es el caso de las curadoras de semillas.
Los campesinos saben que el futuro de sus hijos pasa por la educación[1]. Y nosotros sabemos que la educación es el vehículo de movilidad social por excelencia. Frente a este nuevo fenómeno globalizador y neoliberal, se presentan los jóvenes como el capital para el mantenimiento del mundo rural sustentable, promotores de cambios y beneficios. Sin embargo, también es importante reconocer que no están ajenos a los valores que promueve la sociedad moderna como son el individualismo y la competitividad, entre otros. Los cambios en las cosmovisiones de los sectores campesinos y los proyectos de vida de las nuevas generaciones, está provocando una renovación profunda de las sociedades rurales y sus sistemas culturales. Hasta hoy, la educación rural ha sido incapaz de comprender las nuevas realidades rurales, internalizarlas e incorporarlas en su currículum, a fin de capacitar a los educandos ante los requerimientos de la nueva ruralidad.
El despoblamiento creciente de los espacios rurales, como consecuencia de las fuertes migraciones de los campesinos jóvenes hacia los centros urbanos, en búsqueda de mejores expectativas de vida a través del acceso a oportunidades laborales con mejores salarios. Las dificultades de los productores agrícolas, para acceder a los créditos, asistencia técnica y a los nuevos mercados agrícolas en forma directa, y no a través de intermediarios que devalúan sus productos agropecuarios, obliga a pensar en nuevos instrumentos y en circuitos cortos. Por otro lado, nuevas actividades económicas han diversificado y complejizado de tal manera las opciones de desarrollo, que hoy la mitad de las poblaciones rurales chilenas ya no viven de lo agropecuario.
En definitiva, el sistema educativo formal para responder a los imperativos impuestos por este nuevo mundo rural debe adecuarse y responder a las necesidades de los productores, las familias campesinas y el desarrollo territorial. El profesor rural y la escuela deben aportar explorando nuevos caminos pedagógicos, creando nuevas actividades educativas, evaluando los resultados de sus procesos enseñanza-aprendizaje y reconsiderando objetivos y metas propuestos inicialmente, permeado por esta corriente emancipadora y transformadora del proceso de reforma. “La educación representa el instrumento decisivo para la comprensión de los problemas y para proporcionar solución a los mismos. Es un factor decisivo en la socialización de los jóvenes para la transmisión de los valores relacionados con la ciudadanía, la democracia, la solidaridad y la tolerancia”.
La idea es comprometerse como institución vinculada desde sus inicios al mundo campesino, a través de sus organizaciones naturales, a mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje, para formar un individuo integral, que cultive todas sus potencialidades, y especialmente, sus talentos intelectuales, artísticos, emocionales y de sociabilidad.
[1] La educación rural emerge con fuerzas cuando existe disponibilidad de los docentes al ejercer su rol de compromiso social, convencidos del hacer focalizado en el interés socioproductivo, en una realidad infundida con valores de sustentabilidad, trabajo agrícola, disponibilidad de tierras y saberes compartidos.

