Pensando el pasado y el presente, para buscar nuestro futuro

Un día despertamos y teníamos una tormenta sobre nosotros, con daños directos y colaterales sin precedentes en la historia económica y social mundial. Si bien a nivel país hemos atravesado grandes crisis, esta tiene un gran agravante: al vivir en mundo completamente globalizado, con hilos entrelazados como telaraña, lo que ocurre en cualquier país del mundo se sentirá en mayor o menor medida en los otros.

La actividad agropecuaria se ha considerado un sector estratégico en tiempos de coronavirus, por su función clave para asegurar la alimentación. A pesar de ello, está sufriendo grandes coletazos e incertidumbre sobre la evolución de la economía, generando dudas y volatilidad en el agro. Esto lo vemos reflejado en la contracción de los volúmenes y los precios de exportación a nivel global.

El coronavirus está dejando, lamentablemente, irreparables pérdidas, con cifras escalofriantes a nivel mundial de muertes. Pero también esta pandemia está lapidando a miles de PYME que dejaron o dejarán de funcionar, por no estar preparadas para enfrentar una crisis de tal magnitud.

El confinamiento y la cuarentena son medidas de emergencia, necesarias pero insostenibles indefinidamente. Para hacerles frente, urge cambiar los paradigmas de la relación social, generando nuevas condiciones para recuperar la actividad productiva y económica.

Los procesos geopolíticos se aceleran a una velocidad vertiginosa por momentos y, muchos de los pilares sobre los que se erige el orden económico y político internacional, ya no serán exactamente como los conocíamos. Esta pandemia va a generar enormes cambios en el comercio internacional y en los procesos de producción, si bien hay que abastecer una demanda de 7.500 millones de personas, los requisitos que se pacten a partir de ahora en los negocios internacionales se volverán un proceso más complicado y exigente. Con nuevas normas sanitarias y de seguridad en los productos que se intercambien.

Dado que la agricultura es un motor clave del desarrollo económico y un sector que ofrece grandes oportunidades, el aprovechamiento de las innovaciones de las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación) en el desarrollo de las cadenas de valor, deberían ayudar a mejorar la imagen del sector, aumentar la productividad y proporcionar nuevas ocasiones de empleo.

En este sentido, uno de los grandes desafíos que afrontamos es ayudar a los jóvenes a obtener empleos decentes en las zonas rurales, donde las futuras generaciones tengan los recursos para desarrollarse. Los jóvenes representan un muy alto porcentaje de la población rural y con frecuencia no perciben a la agricultura como una profesión. Por ello es importante que se logre mostrar oportunidades atractivas en las áreas rurales, de lo contrario, los mismos continuarán migrando hacia las ciudades.

Es hora de adoptar nuevos enfoques más integrados y multidisciplinarios que alienten a los jóvenes a participar en los emprendimientos; desarrollar alianzas en cooperativas, asociaciones, institutos de investigación y universidades, así como con otros actores involucrados en las cadenas de valor de alimentos, para lograr objetivos en pos del futuro agrícola argentino en manos de agricultores. Ya que, en este sector, según el último censo agropecuario, no se da el recambio generacional y su población envejece.

Se espera que la población mundial aumente a 9.8 mil millones para el año 2050, de los cuales el 68 por ciento vivirá en áreas urbanas.  La FAO estima que la producción mundial de alimentos tendría que aumentar en un 60 por ciento en el mismo periodo, para satisfacer la demanda adicional generada por el incremento de la población.

Debemos instar con mucha fuerza a la juventud agraria, aprovechando su potencial innovador, a utilizar nuevas tecnologías y técnicas y beneficiarse de las nuevas oportunidades en las cadenas de valor emergentes, para crear negocios prósperos y acometer el desafío de alimentar a una población creciente. Paralelamente, vamos a gestionar con el gobierno nacional y organismos de financiamiento internacional, para que nuestros jóvenes logren realizar las inversiones necesarias para garantizar el lanzamiento y expansión de sus propias actividades agrícolas y transformadoras.

Nuestro país debe urgentemente proyectar la ruralidad hacia el futuro. Organismos como la CEPAL, FAO e IICA, sostienen que las innovaciones en las formas de comunicación introducidas por las TICs llevan a la dinamización de las zonas rurales, en aspectos económicos, sociales y culturales. Estas tecnologías tienen incidencia sobre las cadenas de producción y consumo que, directa o indirectamente, afectan las relaciones entre productores, consumidores, proveedores e instituciones del sector; representan una herramienta de inserción social de los ciudadanos rurales, ya que rompen con el aislamiento histórico, geográfico, físico y comunicacional de estas zonas. La ausencia o precariedad de TICs puede provocar que regiones o generaciones queden separadas de oportunidades de un desarrollo rápido e inclusivo.

Una prioridad política es abordar la brecha digital, justificada desde el punto de vista socioeconómico. Una infraestructura digital bien desarrollada, en particular en las zonas rurales, es un requisito indispensable para establecer sistemas agrícolas y alimentarios con los nuevos paradigmas. Si bien los avances en la tecnología y el acceso a teléfonos inteligentes aptos para Internet están en gran parte de la población, las conexiones de 3G y 4G son  limitadas en las zonas rurales. Además, debemos señalar que mientras tanto, en muchos países ya funciona el 5G.

El acceso a Internet sigue siendo el elemento más importante para aprovechar las posibilidades de las nuevas tecnologías. La vía a la información y a los servicios a través de las aplicaciones móviles, los vídeos en línea y las redes sociales; en sitios como Facebook, Instagram, Twitter y YouTube representan una forma de comunicación eficaz en función de los costos, para los pequeños agricultores.

Hay mucho trabajo por hacer en el ámbito de la digitalización de la agricultura y las zonas rurales. Los agricultores tienen una función clave que desempeñar en la alimentación, siendo las tecnologías digitales las grandes colaboradoras en la innovación que los tiempos ameritan.

Nuestra entidad históricamente tuvo una visión muy especial en el progreso y el arraigo rural con énfasis en la juventud. Por ello, el 27 de abril de 1930 se creó el primer Centro juvenil Agrario de Federación Agraria  “Mariano Moreno” de María Susana, Santa Fe, inspirado en la visión de don Esteban Piacenza, expresidente de FAA en el período de 1916-1945. Desde allí, la juventud se transformó en el motor de empuje de nuestra entidad. La presencia e implicación de la juventud rural en el proceso de desarrollo de las comunidades es fundamental para asegurar su continuidad y aportan un enorme potencial de innovación y energía. Esa es la razón por la que la función de estos en las zonas rurales es de vital importancia.

El espacio de los Centros Juveniles Agrarios es un medio de crecimiento personal, de información necesario para hacer frente a los problemas que se generan luchando con el ímpetu que los caracteriza y que la situación lo amerite para conseguir las inversiones en políticas públicas en el ámbito rural. Para ello, su participación cada vez más activa será vital, para que las políticas que se desarrollen, sean verdaderamente efectivas.

Para finalizar, esta coyuntura que estamos atravesando a causa del Coronavirus podrá tener en la historia la relevancia de encausarnos como productores en un tiempo donde el futuro se adelantó al menos una década en nuestro país. Es deseable que nosotros, como sector de pequeños y medianos productores, logremos ante la nueva dirección del viento, acomodar las velas hacia el camino de la innovación tecnológica, sin perder el gran valor que tiene nuestro legado inculcado de generación en generación, pensando en el pasado y el presente para buscar un futuro mejor.