En más de tres décadas no mejoraron satisfactoriamente los rendimientos productivos
En más de cuatro décadas los rendimientos productivos no mejoraron y siguen siendo los mismos, en grandes y pequeños productores, se ha producido un estancamiento de la producción, como consecuencia de su baja productividad y desarrollo, se avanzó muy poco una agroindustria dirigida a la transformación agroalimentaria para los mercados internos con la participación de pequeños productores rurales.
En la producción agrícola en Bolivia existe un rezago tecnológico y falta de innovación productiva, ausencia de solidaridad y competividad en el sector productivo, inexistencia de instrumentos financieros y no financieros para la asistencia al desarrollo productivo comunitario, reducidos niveles de inversión y articulación industrial, así como la ausencia de una estructura productivo y de apoyo a nivel nacional con impacto a nivel regional y local.
La baja productividad en los sectores de grandes y pequeños ha impedido un crecimiento sostenido de empleos, de salarios y en general del nivel de vida de la población boliviana. El reflejo de esto es que el nivel de vida del promedio de los bolivianos es aproximadamente igual al que tenían los bolivianos en 1950. Un crecimiento económico con generación de empleos de calidad, sostenibles y que se traduzcan también en mejoras en salarios y en general en el nivel de vida no puede ser alcanzado si no se asegura al mismo tiempo incrementar la productividad de los factores de producción, incluyendo la productividad de la mano de obra.
Veamos la historia, el crecimiento de la producción agrícola per cápita de Bolivia desde los años noventa del siglo pasado hasta el presente se explica principalmente por la expansión del cultivo de la soya, concentrada en la región oriental de Bolivia. A pesar de muchos factores estructurales que se lo impiden, Bolivia se esfuerza por ser parte de la liga de mayores productores de soya, aunque, junto con Uruguay, desde hace casi dos décadas se mantiene en la cola de la región.
A diferencia de Brasil y Argentina, que muestran crecientes índices de productividad en los cultivos de oleaginosas, la productividad en Bolivia no llega a dos toneladas métricas por hectárea y no mejora. La expansión del cultivo de la soya se da en la misma medida en que crece la deforestación en Santa Cruz, cada año se incorporan nuevas 200,000 hectáreas a la producción soyera. En la última década, la superficie cultivada de este producto creció de manera exorbitante, sobre todo a partir de 2011, pero su rendimiento no ha mejorado.
Entre los productos agrícolas no industriales, durante la segunda mitad de la década de los 2000, las tasas de crecimiento de los rendimientos agrícolas fueron bajas para el maíz, trigo, arroz, y negativos para el sorgo y la quinua, en comparación a los rendimientos observados en los demás países de América Latina, para la mayoría de los cultivos producidos en el país. En el caso de la quinua, los rendimientos son muy inferiores a los del Perú y apenas superiores a los de Colombia. Los rendimientos de la papa y el maíz en Bolivia son los más bajos de la región, por debajo de Ecuador y Colombia, y muy por debajo del resto de los países.
En resumen, la expansión de la producción agrícola en Bolivia es basa en la ocupación de mayor superficie y no a aumentos en los rendimientos por superficie cultivada. Es fundamental generar las condiciones para que en el sector se produzca estos aumentos de productividad y se cierren las brechas existentes en relación a los demás países de la región para ser competitivos. Para ello se debe incorporarse tecnología básica, como ser de riego y utilización de fertilizantes, semillas con valor genética, tecnologías en el manejo climatológico y desastres naturales, mecanización agrícola sostenible. De esta forma se podrá cumplir con la seguridad y soberanía alimentaria, asimismo reducir la tasa de deforestación y aumentar los ingresos de exportación.


