Chile: Una mirada al desarrollo forestal

Muchas son las claves, de distinto orden y naturaleza, que intentan explicar el cambio climático, siendo uno de los factores gravitantes la deforestación y, como consecuencia directa, el crecimiento de los sistemas erosivos de los suelos.

Luis Berger, académico del Instituto de Historia y Ciencias Sociales, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Austral de Chile, señala: “Es claro que la actual crisis ecológica, junto a las actuales luchas ciudadanas a nivel mundial y nacional por proteger y preservar los recursos naturales del territorio que habitamos, han reforzado esta preocupación por comprender desde una óptica de largo plazo el impacto de la actividad humana en el deterioro del entorno natural, con la esperanza de poder generar una mayor conciencia ambiental que vaya en el camino de restaurar el equilibrio perdido”. Esto es parte del desafío.

Nuestro país vive una profunda transformación de su Constitución Política y seguramente aspectos como los Derechos Universales de la Madre Tierra serán considerados en la redacción de su carta fundamental. Hay antecedentes esperanzadores acerca de esta oportunidad. La Constitución de la República del Ecuador, puesta en vigencia en octubre de 2008, representa el producto más avanzado del nuevo constitucionalismo latinoamericano. Su propuesta de país se levanta sobre la base de tres pilares ideológicos fundamentales: el reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado ecuatoriano, la orientación general de los procesos de desarrollo hacia el Sumak Kawsay y el reconocimiento de los Derechos de la Naturaleza, como un derecho autónomo del ser humano. Reconocer a la naturaleza como sujeto de derechos implicó romper con el criterio antropocéntrico.

Por su parte la Asamblea General de Naciones Unidas (2012) señaló: Reconocemos que el planeta Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar y que “Madre Tierra” es una expresión común en muchos países y regiones, y observamos que algunos países reconocen los derechos de la naturaleza en el contexto de la promoción del desarrollo sostenible. Estamos convencidos de que, para lograr un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza.

Abrimos una mirada macro para explicar de mejor manera el asunto forestal a través de las características geográficas de Chile y, por ende, del trabajo que realiza en conjunto MUCECH con CONAF, Corporación Nacional Forestal, sus claras diferenciaciones regionales en relación con las actividades forestales.

A grandes rasgos se reconoce la agrupación de cinco macroregiones: i) extremo norte (I a III), ii) centro norte (IV a Metropolitana), iii) centro sur (VI a VIII), iv) sur (IX y X), y v) austral ( XI y XII). Las dos primeras macroregiones comprenden actividades forestales relacionadas básicamente con conservación ambiental (ASP y manejo de cuencas hidrográficas). Las macroregiones sur y centro sur registran altos niveles de actividades forestales mixtas de producción y de conservación. La macroregión austral agrupa actividades mayoritariamente conservacionistas y de servicios ambientales.

Naturalistas, como Gay o Philippi mostraron su inquietud a lo largo de todo el siglo XIX por los procesos de deforestación que se daban en el país. Probablemente un texto clave al respecto fue el informe destinado al ministro del interior, escrito en 1838 por Claudio Gay, titulado Sobre las causas de la disminución de los montes de la provincia de Coquimbo, donde se responsabilizaba a la minería del cobre y a las Ordenanzas de Minería de ser los causantes “del decadente estado de su vegetación y las funestas consecuencias que deben ser su resultado”.

La tala maderera de alerce (conífera que puede llegar a vivir más de tres mil años), por ejemplo, se transformó en el principal recurso económico de Chiloé- señala un conjunto de investigadores de la Universidad de Magallanes- generando una importante actividad mercantil sustentada en la tala de dicha especie arbórea. Mediante un análisis histórico documental, que abarca desde el siglo XVI al XIX, se examinó la evolución de la tala y del comercio maderero local, evaluándose sus efectos ambientales sobre la cobertura boscosa original del territorio.

En la actualidad y tomando en consideración esos ejemplos históricos, los dirigentes nacionales campesinos, Orlando Contreras y Omar Jofré subrayan la importancia estratégica de los 4 millones de hectáreas de aptitud exclusivamente forestal que tienen las tierras pertenecientes a la AFC y que todas las cifras oficiales de los organismos públicos y privados concuerdan en resaltar. Y la necesidad de articular redes de fortalecimiento entre las que se cuenta el Convenio MUCECH- CONAF.

En Chile hay 16 millones de hectáreas de bosques, utilizados tanto con fines productivos como de conservación o preservación. Los bosques nativos constituyen la mayor parte abarcando 13,5 millones de hectáreas, con un gran porcentaje protegido con fines de conservación o preservación. Los bosques cultivados son utilizados con fines productivos y sólo cubren 2,4 millones de hectáreas del territorio.

La industria forestal es la segunda actividad económica en importancia de exportación, después de la minería. Sin embargo, ocupa el primer lugar de los productos elaborados con materia prima renovable. Por su parte, el aporte económico forestal de campesinos y pueblos originarios al nivel nacional, sólo se destaca por su elevada participación en la extracción de leña, y en menor medida en la fabricación de carbón vegetal y la recolección de frutos, hojas y cortezas; desempeñándose como asalariado en la mayoría de estas actividades.

Hay experiencias notables en Chiloé, la creación de un bosque modelo bajo el alero de un SIPAM. El objetivo central del bosque modelo, iniciativa canadiense, es contribuir a través de la participación comunitaria, al manejo sustentable de los ecosistemas presentes en el área de Bosque Modelo, buscando asegurar la conservación de la biodiversidad, al tiempo de mejorar las condiciones de vida de la familia campesina y, especialmente, de las comunidades Mapuche-Pehuenche con respeto a su identidad y patrimonio sociocultural. Parece ser este un camino explorable. Otra iniciativa de alto impacto son los SIPAM, Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial. Son paisajes estéticamente impresionantes que combinan la biodiversidad agrícola con ecosistemas resilientes y un valioso patrimonio cultural, que están situados en lugares específicos del mundo, donde aportan de forma sostenible múltiples bienes y servicios, alimentos y unos medios de subsistencia seguros para millones de pequeños agricultores.

Hace 40 años la fisonomía de la zona centro sur empezó a cambiar de manera exponencial. Si bien el territorio se había erosionado durante los siglos XVIII y XIX, cuando el norte del continente se desvivía por la fiebre del oro y el campo chileno nutría la actividad con trigo y otros cereales, el proceso iniciado en los años 70 fue mucho más intenso para la calidad de la tierra. Y sus devastadores efectos posteriores.

Para las organizaciones campesinas hace falta que Chile se encamine hacia un nuevo modelo forestal, uno que sea más sustentable tanto en lo ambiental como en lo social: que se incorporen factores ecológicos en la toma de decisiones y diseño de las políticas públicas, así como a las comunidades que habitan en los territorios.

Como parte del Convenio sobre la Diversidad Biológica –promulgado en 1995–, Chile aprobó el Plan Estratégico de la Diversidad Biológica 2011-2020 que busca incentivar a sus miembros a asegurar la conservación de la biodiversidad durante diez años, mediante veinte metas globales denominadas Metas de Aichi. El plan exhorta a los Estados a promover la utilización sostenible de los suelos, abordar las causas de la pérdida de diversidad biológica, salvaguardar los ecosistemas, las especies y la diversidad genética.

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