MUCECH reflexiona acerca de los cambios estructurales
Muchos rotulan esta época como de la economía del conocimiento. Hay razones para ello, pues incorpora tecnologías, procesos y mercados. Irrumpe en el escenario mundial un nuevo tipo de consumidor. Y los prosumidores. Este último término surgió en 1980, de boca del futurólogo Alvin Toffler. El uso actual del término significa que quien consume un producto también tiene la capacidad de producir, ya sea un objeto físico o digital.
A partir de lo que señala el sociólogo alemán, Zygmunt Bauman: “formular las preguntas correctas constituye la diferencia entre someterse al destino y construirlo, entre andar a la deriva y viajar”. Esa especie de aforismo de Bauman nos ayuda a delinear el viaje como MUCECH. Es tiempo de pensar y aquilatar, de remover los escombros de las ideologías que se caen producto del uso y desgaste de materiales, e introducir nuevos elementos de análisis, estudios que permitan revitalizar el sector.
Aquí una definición ministerial local: “Chile es un país cuyo sector agrícola y forestal es motor de desarrollo integral, que reúne una intensa actividad primaria y secundaria proveedora de alimentos, y su directa relación con las personas y el medio ambiente donde se desenvuelven”. Chile es mucho más que un paisaje. La agricultura, desde esta dimensión, es la actividad humana encargada de proveer de alimentos al ser humano.
“Producto de las urgencias que debemos abordar a cada momento y el dinamismo propio de nuestras de nuestra organización que tiene cobertura nacional – señala el presidente MUCECH, Orlando Contreras, nos despreocupamos de levantar las luces altas para mirar con mayor detención y perspectiva nuestro propio quehacer. Cuando recobramos esa luminosidad, volvemos centrar nuestras acciones dirigenciales haciendo foco en esas revelaciones. No es fácil porque nos obliga a estar actualizados en los conocimientos generados por los investigadores de la ciencia y las ciencias sociales, pero tratamos de estar al día, respondiendo con la mayor rigurosidad posible a nuestros asociados”.
Iniciamos el viaje. Las profundas transformaciones a nivel social, derivadas en gran medida de los cambios en las fuerzas productivas, conllevan una transformación estructural en las relaciones de poder. De esta manera, siguiendo a Castells (1997), podríamos hablar del surgimiento de una nueva sociedad. Estas transformaciones provocan una profunda crisis económica del sistema capitalista, con varios cuellos de botella: debacle ecológica, desnaturalización de las poblaciones, crisis de las soberanías estatales, requerimientos de democratización de las sociedades.
La irrupción de las nuevas tecnologías de la información y comunicación han suscitado cambios significativos en el comportamiento del consumidor: más informado en relación con el producto, más consciente de los procesos de elaboración, más más comprometido con la protección del medio ambiente y la biodiversidad.
Todas las estaciones sirven para la reflexión pausada y tratar de sistematizar, en la medida de lo posible, los elementos dispersos. En las últimas décadas como sociedad chilena, latinoamericana y mundial experimentamos numerosos cambios sociales, tecnológicos, de diseño organizacional, algunos ligados directamente al creciente uso de herramientas, como el ordenador, el teléfono móvil, las tabletas y otros dispositivos digitales. De alguna o varias maneras la sociedad, ese complejo entramado de relaciones en las cuales estamos insertos, condiciona de modo desigual nuestras vidas, así como nuestra manera de pensar, actuar y sentir.
El impacto es aún mayor si se considera el aumento de los canales en televisión con un ampliado y variado menú de ofertas, el crecimiento del comercio electrónico (e-commerce) más evidente en tiempos de pandemia y de reducción de las libertades individuales, la digitalización de numerosos medios comunicativos que si bien aproximan la información cada vez y con mayor frecuencia se requieren elementos de decodificación para apreciar el mundo en su real magnitud, el gran desarrollo de la empresa emergente (star up) entre otros servicios y aplicaciones de Internet.
Emerge, al parecer, un nuevo paradigma: la distancia entre productores y consumidores es más estrecha. El impacto ejercido por la tecnología en los hogares tiene dimensiones imprevistas, en la vida de las personas, en el consumidor y en las comunidades. Los expertos en marketing hoy en día se centran en la individualización de las decisiones de consumo frente al consumo de masas. Buscan fragmentar a los consumidores (nichos de mercado) para poder adoptar estrategias óptimas que respondan a las necesidades de los individuos.
Aquí, parte del desafío que la agricultura debe afrontar y asumir: para el año 2050 se prevé que la población mundial alcance los 9.700 millones de personas, lo que iría acompañado de un incremento del doble del ingreso medio per cápita, aumentando en más de 50% la demanda de alimentos en el mundo.
La complejidad es mayor si se piensa, como lo señalan algunos estudiosos de la agricultura del futuro, que “3el mundo que viene será un mundo se censores, a todo nivel y en todos los ámbitos. Habrá nanocensores, biosensores, nanobiocensores. El nuevo paradigma tecnológico agrícola tiene como marco el paradigma tecno-económico creado por la masiva utilización de las TIC y de la biotecnología- señala Arturo Barrera, subsecretario de agricultura de hace algunos años. Tiene como marco, igualmente, las nuevas demandas de la sociedad, de los mercados y de las cadenas agroalimentarias, algunas de las cuales se relacionan con la diferenciación de los productos, la calidad y la inocuidad, la bioseguridad, el bienestar animal y el uso sustentable de la biodiversidad y de los recursos naturales. Hay mundos nuevos, o no visibilizados, que comienzan a desplegarse.
¿Qué nivel de conciencia tiene la agricultura familiar campesina y sus dirigencias de estos profundos cambios estructurales? Asoman en el horizonte inmediato nuevos indicadores para medir el desempeño sectorial como es la unidad de agua y la huella de carbono. Cada vez hay mayores exigencias de los consumidores conscientes con respecto de estas materias. También a la investigación científica se le exige disponer de nuevas capacidades y competencias ´para afrontar estos desafíos: capacidades estratégicas y prospectivas, capacidades de gestión relacional y de gobernanza y por cierto también capacidades para generar tecnologías de punta.
En medio de esta época de incertidumbres la búsqueda de certezas es impresionante. Todos los actores sociales quisieran anclar en roca firme su barca. Gilles Lipovetsky al Diario El Mundo de España, señalaba hace algún tiempo: ‘La gente común no halla ya la felicidad en el súper, por eso escribe o hace fotos’. “La competitividad nos contagia estrés y ansiedad, y el ideal humanista es integrar la dimensión creativa para liberarnos, aliviarnos”. Por el contrario, la cooperación parece ser mucho más que una herramienta biológica de desarrollo de los seres vivos, sino una forma de vivir en comunidad.
Según el pensador-teólogo brasileño Leonardo Boff, estamos en una profunda crisis de civilización, que amenaza con deslizarse hacia la barbarie pura. Esencialmente, esta crisis tiene que ver con nuestra relación con la Tierra – con un Groflbuchstaben, como subrayó – que estamos dañando de varias maneras. “Sólo un tratamiento cuidadoso y amoroso de todos los seres vivos puede dar a la humanidad un nuevo futuro”. Y, como productores de alimentos, en esa dirección deberíamos caminar.
Finalmente señaló, finalmente, Contreras: “hay que establecer cada vez mayores vínculos y alianzas con el trabajo de los investigadores activos, participar activamente de sus días de campo y buscar respuestas adecuadas para la diversidad de problemas que enfrenta la agricultura familiar campesina en el cúmulo de informaciones disponibles, a la cual tenemos acceso por internet. Tengo muchas esperanzas depositadas en el Chile que estamos creando”.
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