Los Caminos Verdes: Campesinos y Pueblos Originarios en comunión con el Medio Ambiente
“… La agricultura familiar campesina es la guardiana de la sabiduría y el conocimiento necesarios para el buen desarrollo de la Agroecología…”- señala FAO. En Chile, como en muchos otros lugares del mundo, los orígenes de la agroecología se encuentran en sistemas agrícolas tradicionales campesinos y de los pueblos originarios. “Eso lo sabemos. Ya no basta -dice Orlando Contreras, presidente de Mucech, de preocuparse exclusivamente de los procesos productivos, sino también del impacto ambiental y en la vida que generan. Nosotros como agrupación nacional de pequeños productores, instamos a la promoción de estas formas de producción agrícola”. No obstante, la agricultura chilena es ampliamente dominada por sistemas y practicas convencionales que no tienen esa preocupación fundamental.

Cada vez hay mayor conciencia de la necesidad de preservar la vida en el planeta. Y esta mayor conciencia en el plano mayor también actúa en escala: que se traducen, en algunos sistemas, como control social para regular los impactos de la actividad humana. En relación con la agricultura, toda actividad que se desarrolla en los predios tiene un impacto en el suelo, el medio ambiente en general y si se producen alimentos para el consumo, hasta en la vida y la salud de las personas. En el acontecer de los pueblos, la presencia de economías campesinas ha generado dinámicas económicas, culturales, sociales, políticas y tecnológicas, debido a las diversas funciones que desempeñan estos sistemas productivos no solo en entornos rurales sino en los contextos urbanos. Tales funciones se expresan en su papel en la soberanía alimentaria de los países, en la calidad de la vida del campo, la calidad del alimento y la necesidad de utilizar el agua, la energía, y la tierra fértil de manera sostenible y efectiva.
Probablemente, crecientes condiciones de incertidumbre y alteraciones climáticas evidenciará las necesidades de prácticas de manejo agroecológicas que incrementen los niveles de resiliencia en los sistemas agrícolas y de soberanía alimentaria.
En tiempos de crisis, cuando no hay para dónde mirar, hay cuestiones de suyo obvias que vale la pena subrayarlas, pero si se omiten la humanidad como tal no existiría: sin el derecho a la alimentación y el uso humano del agua no puede asegurarse ni la vida y, por ende, ni la dignidad humana, ni el disfrute de otros derechos humanos.

A partir de los años 90, nuevos avances en los campos de la ingeniería y la biotecnología provocaron una nueva transformación en el sector. Estos avances surgen, en gran medida, como respuesta a los dos grandes retos provocados por la revolución verde: la escasez de agua y de tierras para cultivo. Así, la introducción de los invernaderos, nuevas tecnologías de riego y tratamiento de agua, cultivos hidropónicos, fertilizantes y plaguicidas más efectivos y semillas manipuladas genéticamente suponen conceptos que marcan nuevas diferencias entre la agricultura tradicional y la agricultura moderna. Según las previsiones de Naciones Unidas la población mundial alcanzará los 9000 millones en el año 2050. Alimentar una población de esta magnitud en unas condiciones marcadas por los efectos del cambio climático va a suponer un reto de máxima envergadura para el sector agrícola que debe ser capaz de afrontar.
La agricultura industrial es aquella agricultura que se centra en la producción masiva de un solo producto, pero lleva un alto nivel de tecnificación y necesita una alta inversión de capital, energía y otros recursos, requiriendo normalmente trabajo externo y ayuda de especialistas. Es dudoso que sea sostenible en ausencia de una fuente masiva de energía barata como la obtenida, con alto costo ambiental, de los combustibles fósiles.
Por su parte Greenpeace España señala que la agricultura industrial está asociada a la extensión de monocultivos y vinculada a deforestación de ecosistemas de gran valor e incluso de bosque primario. Al ser cultivos tan desarraigados de la naturaleza se generan desequilibrios, siendo terrenos empobrecidos vulnerables a enfermedades y plagas. Los monocultivos provocan un desequilibrio ecológico importante, empobrecen los suelos y son más susceptibles a enfermedades y plagas.
La agroecología señala la necesidad de basar una estrategia de desarrollo rural en la agricultura familiar y en el conocimiento campesino, combinado con elementos de la agroecología moderna, no solo asegura el mantenimiento y uso continuo de una agrobiodiversidad valiosa, sino que también permite la diversificación de áreas agrícolas que aseguran una variedad de servicios ecológicos vitales para la seguridad alimentaria, la conservación de los recursos naturales, una mejor viabilidad económica, mejoramiento del microclima, conservación cultural y realce de la comunidad.

“Hay una cuestión clara- nos dice Orlando Contreras, presidente de MUCECH- las políticas agrarias neoliberales aplicadas las últimas décadas en Chile, no solamente no han dado solución a los problemas del agro ni de los agricultores. Y, por el contrario, muchos de los problemas lo han agravado. No ha sido fácil porque- continúa- el desarrollo de sistemas agrícolas sustentables, ha penetrado, aunque marginalmente, en los círculos académicos y en el discurso y planteamientos de organismos vinculados con el desarrollo agrario”.
La mirada global señala lo siguiente La agricultura mundial pasa por una crisis sin precedentes, caracterizada por niveles récord de pobreza rural, hambre, migración y degradación ambiental, intensificada por los cambios climáticos y las crisis energética y financiera y, a pesar de billones de dólares invertidos en “ayuda”, “desarrollo” y “avances tecnológicos”, la situación no mejora; de hecho, empeora”[1].
Miguel Altieri, experto en agroecología a nivel mundial, señala: la capacidad de la humanidad para alimentarse, basada en un modelo de agricultura industrial, altamente dependiente del petróleo y muy ligada a la desregulación del comercio internacional de los alimentos, la privatización de los mercados de granos en algunos países y más recientemente a la entrada del capital especulativo en el comercio de commodities. Cada vez que fluctúan los mercados y los precios caen, una proporción considerable de campesinos y agricultores familiares son marginados, dado los precios bajos que reciben por sus cultivos y por el elevado costo de los insumos –como los fertilizantes dependientes del precio del petróleo–, mientras que los precios para los consumidores se elevan.
“El concepto de cambio global hace referencia al conjunto de cambios y transformaciones a gran escala producto de las actividades antropogénicas y que afectan a nuestro planeta. A lo largo del último siglo, los componentes biofísicos (atmósfera, océanos, recursos hídricos, suelos, biodiversidad, entre otros) se han visto alterados como consecuencia de la intensificación de las actividades antrópicas”[2].
El cambio climático representa una de las mayores amenazas que enfrenta la sociedad moderna. Sin embargo, nuestra capacidad de percibir las señales de los cambios ambientales y de sus impactos sobre el funcionamiento de sistemas complejos es bastante limitada, lo que se traduce normalmente en respuestas tardías e incompletas- El cambio climático, que afecta todos los sistemas productivos y donde Chile es un país donde mayor será el impacto, obliga a pensar una agricultura acorde para un nuevo tiempo.
Efectos del cambio climático: Alza en el nivel del mar, Acidificación del océano. Aceleramiento en el derretimiento de glaciares, casquetes polares, y capas de hielo continental, Migración y extinción de especies de flora y fauna, Cambios en el sistema climático, especialmente en los regímenes de precipitación, Cambios en los regímenes de caudales y sistemas terrestres de agua dulce, Cambios en la frecuencia e intensidad de fenómenos climáticos extremos, Cambios en la productividad de los cultivos, otros.
El desafío inmediato en Chile, como en el resto del mundo, es transformar la agricultura industrial y buscar nuevos paradigmas de producción agrícola. En este marco, la agroecología ofrece las bases científicas y metodológicas para diseñar estrategias de transición a un nuevo modelo de producción.
“Existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen, en todo momento, acceso físico y económico a suficientes alimentos, inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos, a fin de llevar una vida activa y sana”. Esta definición le otorga una mayor fuerza a la índole multidimensional de la seguridad alimentaria e incluye “la disponibilidad de alimentos, el acceso a los alimentos, la utilización biológica de los alimentos y la estabilidad [de los otros tres elementos a lo largo del tiempo]” (FAO, 2006). Ligar el desarrollo con la seguridad y los derechos humanos constituye un fuerte argumento para difundir que la seguridad alimentaria, tal como es definida por la FAO (con un término que implica la continuidad con los propósitos que han animado su existencia desde su fundación), solo puede realizarse asumiendo la autonomía de los gobiernos para definir sus propias políticas alimentarias.
Hace algunos años antes la FAO había reafirmado también que “un entorno político, social y económico pacífico, estable y propicio, constituye la base fundamental que permitirá a los Estados atribuir la debida prioridad a la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza. La democracia, la promoción y protección de todos los derechos humanos y libertades fundamentales, inclusive el derecho al desarrollo, y la participación plena y equitativa de hombres y mujeres son indispensables, a fin de alcanzar la seguridad alimentaria sostenible para todos” (FAO, 1996).
Los esfuerzos de introducir en la Carta Fundamental, que se está escribiendo en Chile, algunos aspectos relacionados con esta forma cooperativa de trabajar la agricultura la reseña Carlos Venegas, agro-ecólogo con especialidad en desarrollo rural y ganadería ecológica, en tanto, se enfocó en la agroecología, biodiversidad y desarrollo territorial explicando que se abrió una posibilidad de poner temas trascendentales para el sector silvoagropecuario en la nueva Constitución que regirá las relaciones entre los chilenos. De acuerdo con su visión, los agricultores están viviendo en un contexto difícil: la acelerada deforestación, uso indiscriminado de agroquímicos, erosión de los suelos agrícolas, la vulnerabilidad frente al cambio climático y la pérdida de biodiversidad como factor esencial han dificultado el contexto de los pequeños agricultores.
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[1] Holt-Gimenez, E y Raj Patel (2009) Food rebellions: the real story of the world food crisis and what we can do about it. Fahumu Books and Grassroots International. Oxford, UK.
[2] https://cambioglobal.uc.cl/comunicacion-y-recursos/que-es-el-cambio-global


