Siempre se regresa a la tierra: una historia de Amor Social

Y lo sabe y experimenta Camilo Escorza Rojas que cultiva orégano, cebolla, porotos, habas, acelgas, zapallo, maíz, tomates, flores y frutales, quien preside el sindicato Los Morales, una organización sindical sin fines de lucro que nació el 25 de agosto del año 2011, con la finalidad de apoyar la agricultura familiar campesina, como también el desarrollo de la localidad. Pero también integra el directorio de Confederación nacional campesina Nehuen. Los Morales es un pequeño poblado de trescientas familias ubicado en el secano costero, y el Sindicato lo conforman 120 socios activos: mitad hombres, mitad mujeres. Es decir, uno de cada tres habitantes del pueblo pertenece al sindicato.
El territorio -donde se desarrolla la agricultura- se desarrolla en un paisaje geográfico (campo) y en un espacio cultural (tradiciones). Se trata de una forma de vida, muy arraigada en el alma de nuestra identidad, que tiene sus códigos, símbolos y tradiciones. La relación del hombre con la tierra genera percepciones, historia creencias y fantasías: un conjunto de tradiciones que debaten su vigencia entre los procesos de globalización y modernidad. La identidad campesina ha generado en nuestro país interesantes productos culturales. En ellos se conjugan, en distinta medida, al menos tres elementos: visión cultural, funcionalidad e intención estética. Es el caso de las artesanías, el canto popular, los cuentos, la gastronomía, entre otras múltiples expresiones.

Chile es un país de poetas. Y el mundo rural le ha entregado a Chile valiosos escritores: Pablo Neruda en Parral, Gabriela Mistral en Montegrande, Jorge Teillier en Lautaro, Venancio Lisboa en Pitrufquén, Juvencio Valle en Almagro, Pablo de Rokha en Licantén. Quizás por el ello, el Cardenal de los campesinos, Raúl Silva Henríquez, señaló que el mundo rural y los campesinos eran la reserva moral de Chile. La historia de don Camilo es una historia de esfuerzo que es muy común a muchos habitantes del rural que pudieron encontrarse con la educación sistemática.

Hace pocos días, el Sindicato Los Morales celebró el décimo aniversario. Este poblado está ubicado en la comuna de Monte Patria y, hoy por hoy, viven situaciones de extrema sequía cuyo sistema de regadío se basaba en el embalse La Paloma (que posee una capacidad de 750 millones de metros cúbicos y cubre una superficie de 3000 hectáreas), como dato adicional: es el embalse de riego más grande de Chile y el segundo más grande de Sudamérica.
El río Huatulame albergó pequeños poblados rurales: El Palqui, Huatulame, Chañaral Alto, Los Litres, Tome Bajo, Los Morales, Moraleda, San Marcos, Laguna Verde, Cárcamo, entre otros. Los sueños de los pobladores de esos lugares fue contar con bienes y servicios como el agua potable, alcantarillado, electricidad, calles pavimentadas, escuelas públicas y acceso a locomoción colectiva.

Dentro de sus labores, el sindicato visita a los asociados entregando semillas gracias al aporte de la sociedad agrícola del norte, junto a bolsas de alimentos, forraje para aves e higos para animales menores. La primera acción que realizaron fue entregar apoyo gratuito a nuestros estudiantes con la impresión y fotocopiados de las guías de estudio. La segunda medida fue ser el nexo entre la sociedad agrícola del norte y nuestros asociados, siendo beneficiadas 30 personas con una canasta familiar y mascarillas regaladas por la agrupación de costureras de El Palqui.
En la misma línea se coordinó con el municipio la entrega de 20 canastas familiares. Gracias al aporte de la confederación Nehuen a la cual pertenecen, recibieron aporte económico para la compra de mercadería para un número grande de socios. De manera colaborativa se apoyan en el sindicato que, ahora, se encuentra coordinando las acciones para la realización de un taller de fortalecimiento organizacional, después de organizar una serie de capacitaciones acerca de energías limpias.

Otro logro que enorgullece a los habitantes de Los Morales, ligados al sindicato agrícola: la capacitación de dieciocho socios en Uso y Manejo de Plaguicidas Agrícolas, curso que les permite realizar correctamente labores agrícolas de almacenamiento, transporte, mezcla, uso y aplicación de plaguicidas de acuerdo con las diferentes condiciones prediales y respetando la normativa vigente. Asimismo, esta capacitación les faculta para recibir una credencial del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), que los autoriza a utilizar estos implementos químicos.
La agricultura familiar y a pequeña escala está ligadas de manera indisociable a la seguridad alimentaria mundial. El territorio es mucho más que una superficie apta para el cultivo o la suma de actividades para obtener productos vegetales y alimentación equilibrada, sujetos estos productos y sistemas productivos a mayores sistemas de calidad, validadores y certificaciones. Y otros atributos valorados por los mercados.
La agricultura familiar rescata los alimentos tradicionales, contribuyendo a una dieta equilibrada, a la protección de la biodiversidad agrícola del mundo y al uso sostenible de los recursos naturales, representa una oportunidad para dinamizar las economías locales, especialmente cuando se combina con políticas específicas destinadas a la protección social y al bienestar de las comunidades.
El campesinado, indígena y no indígena, convive entre un mundo de creencias, economía, relaciones sociales sustentado en la tradición con los efectos y nuevas relaciones, ideologías, productos simbólicos y materiales de la modernización. En el territorio también se generan tradiciones, percepciones, cosmogonías.
En medio de la pandemia, hoy por hoy, con todo adverso incluyendo sequía, topografía inaccesible, distancias kilométricas, han entregado más de 500 canastas con alimentos a quienes lo necesitaban.
El éxito tan requerido y soñado muchos lo asocian a un mejor estatus económico, más aún en las sociedades que estimulan el individualismo exacerbado y la acumulación egoísta.
En la época que don Camilo era niño el analfabetismo urbano era enorme y el rural aún más todavía. La pobreza mostraba su peor cara: en lugar de zapatos ojotas, en lugar de libros una azada. Tampoco estaba internalizada en los padres rurales la idea de la formación sistemática, menos como vehículo de movilidad social: en el mundo de los peones, el hijo hombre se requería para las labores agrícolas, se llamaban obligados. Las hijas mujeres corrían peor suerte, las depositadas.

Entre mingacos, santiguadas, nacimientos, casamientos, muertes y velorios, los derechos humanos de los niños rurales estaban invisibilizados, sin códigos de la niñez y la adolescencia, en el pobre albedrío de correr bajo el alero y amparo de la propia suerte. Y el mundo adulto campesino preparaba la tierra para la mayor transformación de la historia en Chile: modificar la estructura de propiedad de la tierra y resignificar la dignidad: sindicalización, pagos de días de lluvias y nuevo trato donde el hombre pudiera ser hermano del hombre y no lobo. Dejar de ser inquilinos, con la mirada baja y el sombrero en las manos, y transformarse en propietarios de la tierra bajo el lema inspirador: la tierra para quien la trabaja.
Cuando llegaron los salesianos a Chile en 1887 bajo el lema que sintetiza su espiritualidad, educar evangelizando y evangelizar educando que en sí contiene un proyecto integral de ser humano, jamás imaginaron que crecerían de manera exponencial. Menos aún el religioso salesiano que, en medio de los valles transversales, ricos en agricultura y terrenos aptos para árboles frutales, un día recibiría a Camilo que, al parecer, iba de la mano de su padre, con pantalón corto de siete años, cabellos recién lavados, con el objetivo de iniciar su proceso de formación: entender el mundo para aportar desde ese conocimiento al engrandecimiento humano.
A mediados del siglo pasado la educación primaria se hizo obligatoria. A principios de siglo los promotores rurales iban por los campos buscando niños para que fuesen la escuela. Hay hermosos testimonios de esta gesta en nuestros campos, algunas ejemplares. “Esto que es excepcional debería ser común y es tarea primordial -en el país que construimos hoy- para los constituyentes (los encargados de redactar la nueva Carta Fundamental del país)”- precisa el dirigente nacional de MUCECH, Orlando Contreras.
En ese mapa general iban y venían las vidas alterando los indicadores de pobreza, vislumbrando los indicadores de desarrollo humano. Camilo siente el llamado de Dios, ese todo magnífico al que admiró desde niño y comienza su proceso de formación sacerdotal. En el territorio se tejen redes, se reconocen identidades y se establece pertenencia.

La cultura nacional, por su perfil geográfico, tiene un carácter y una historia estrechamente vinculada al campo. Su identidad está más cercana a la tierra que al mar, más al interior que al litoral, más a la agricultura que a la navegación. La primera y más directa significación del término agricultura dice relación con una actividad económica relacionada con la producción de bienes agrícolas. Siembras, cosechas, comercialización, avatares climáticos, innovaciones tecnológicas, productos, tratados comerciales, etc. La acepción es correcta, pero incompleta.
El patrimonio intangible es fuerza motriz que dinamiza a las comunidades, les otorga autonomía de vuelo y les regala particularidades. En esas comunidades se generan grupos de pertenencia. Allí se establecen y forman sus redes, pero como lo advertíamos, cada día son más vulnerables a la acción universal del proceso de globalización.
Camilo Ascorza fue el primero de su familia en acceder a la educación superior, en enseñar latín como profesor universitario y tener hijos profesionales. La idea de globalización y de su proceso de instalación es devastadora y, al parecer, irreversible. La globalización tiende a homologar usos, costumbres, modas y cultura. La idea de la particularidad, lo que hace diferente, es reducida al ámbito de lo folklórico y a expresiones museográficas. Cada día y con mayor fuerza existe la penetración de otras formas culturales de dominación que inciden en la aldea, el villorrio, la comarca, el pueblo. Es tan avasalladora esta fuerza que el cambio se produce casi instantáneamente, incluso modificando estructuras culturales antiquísimas de las comunidades.

Pero para el pueblo Los Morales que se debate en esas tensiones, el problema del riego es fundamental tanto para consumo humano como para los cultivos, cuando celebraban su aniversario número diez recibieron como regalo, de parte de la Sociedad Agrícola del Norte, dos estanques de agua. “Esa es la idea vertebral de la asociatividad: dinamizar la esperanza y poner en movimiento a las comunidades para que satisfagan sus necesidades. En lenguaje más organizacional- nos dice el presidente de MUCECH- contribuir al diseño de políticas públicas con demandas estructuradas por los mismos campesinos. Y hacer más amable nuestro paso por la vida”.
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