Innovar en la Tercera Edad: otra puerta de entrada a la agricultura del futuro
En los grandes valles y el secano costero de Colchagua donde se cultiva uva para fabricar buenos vinos con denominación de origen, se encuentra Paredones de Auquinco, que significa, agua que resuena. Don Rubén, que nació en Chépica, hasta los 40 años “trabajé apatronado con un tío, con quien aprendí la labor agrícola. Después seguí solo, me compré un camioncito y empecé a trabajar y a progresar”. El amor por la tierra es, en muchos casos, una relación definitiva. El primer paso hacia una agricultura inteligente es el más complejo. Todos conocemos los temores que produce el primer paso. La historia de este productor que adquiere nuevas herramientas tecnológicas permite tener una visión de lo que será la agricultura en el futuro.

“Había visto el funcionamiento del dron, cuando observé cómo lo operaba una persona que se dedica a prestar servicios con este tipo de vehículos aéreos no motorizados que se manejan con control remoto. Me gustó, porque no hay que andar con el tractor y no hay que andar metido en el barro en tiempo de invierno para aplicar productos. Me gustó esta tecnología y cuando se dio la oportunidad de postular a un proyecto (PDI Gore) postulé a un dron. Costó quince millones de pesos (algo así como 18.500 dólares estadounidenses). Obtuve un subsidio de cinco millones de pesos, pedí un crédito de cuatro millones doscientos mil pesos y el resto lo puse yo”.
Tiene tres hectáreas de maní; la cosecha es en marzo y su producción es de entre 2 mil a 2 mil 500 kilos de maní. Aseguró que “me gusta mucho la agricultura, me da tranquilidad y libertad, no tengo que estar dependiendo de nadie. Mi esposa -Viviana Jara- me ayuda en algunas labores agrícolas”. Anteriormente había comprado una máquina cosechadora de maní que le ha dado buenos resultados. Es un hombre agradecido de la vida: “con nuestro trabajo como agricultor le dimos educación a nuestras tres hijas y ahora son todas profesionales”. No tiene tierra propia, por lo que debe arrendar, “ponerle capital al suelo, hacer producir la tierra y que me queden utilidades. Tengo zapallos, maní, cebollas, maíz, de todo un poco. Me ha resultado, me ha ido bien y lo que produzco lo guardo. La guarda me ha hecho ganar dinero, porque siempre los productos después tienen otro valor, más alto”.

La experiencia de este productor nos permite acercarnos a lo que debiera ser el trabajo en el campo en el futuro- explica MUCECH. La Oficina de Estudios y Políticas Agrarias, ODEPA, en el documento Agricultura chilena Reflexiones y Desafíos al 2030 señala algunos aspectos donde la agricultura de Precisión (AP) tiene un rol gravitante. Surge así el desarrollo de la Agricultura de Precisión (AP), una variante del “Smart Farming” o agricultura inteligente, mediante la aplicación de tecnologías de la información y comunicación (TIC). La agricultura de precisión permite el control y la gestión de los campos a distancia mediante el uso de sensores en los campos, así como de drones y satélites para la vigilancia desde el cielo.

La llamada “segunda revolución verde” comprende herramientas del paquete tecnológico actual de AgTech (Agricultural Technology) tales como el “Internet de las cosas”, servicios en la nube, desarrollo de microsensores, robótica, Big Data, inteligencia artificial, fotosíntesis artificial, agricultura neutra en emisiones, agricultura molecular, celular o vertical, o el “bombardeo de semillas” que posibilita la prospección de cultivos y la recuperación de áreas degradadas.
La Agricultura de Precisión (AP) es un concepto agronómico de gestión de parcelas agrícolas, basado en la existencia de una importante variabilidad espacial a nivel de campo. Requiere del uso de varias herramientas tecnológicas dentro de las cuales destacan, los Sistemas de Posicionamiento Global (GPS), sensores remotos, imágenes aéreas y/o satelitales junto con Sistemas de Información Geográfico (SIG) para estimar, evaluar y entender dichas variaciones.
La información recolectada puede ser usada para evaluar con mayor precisión la densidad óptima de siembra, estimar el uso de fertilizantes, optimizar la gestión del recurso hídrico, predecir con más exactitud la producción de los cultivos y la calidad del producto final, así como también optimizar los rendimientos a través de prácticas de cosechas automatizadas.

Utilizando drones es posible realizar las siguientes acciones: (a) Conteo de plantas y supervisión de su crecimiento. Realizar esta labor con imágenes aéreas, facilita y agiliza enormemente la tarea y se logra mayor exactitud. (b) Medición de clorofila. Permite verificar el nivel nutricional de las plantas. (c) Evaluación del estrés hídrico. Usando una cámara térmica es posible detectar si existen zonas que, por su situación, su composición, etc., pueden necesitar mayor o menor cantidad de agua. (d) Detectar el estado sanitario de un cultivo. Permite verificar si la plantación ha sido afectada por alguna plaga y si es necesaria la aplicación de fertilizadores o tratamientos sanitarios total o diferenciado. (e) Fenología.
Esta batería de instrumental tecnológico que incluyen sistemas de monitoreo y muestreo, por la vía de sensores de alta precisión, ubicado en suelos, follaje, troncos, raíces, etc. arrojará los siguientes productos, según el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, CEPAL: Bandas infrarrojas, termomapas de cultivos. Imágenes y archivos. Tecnologías de información y comunicaciones (TIC). Software especializado para manejo de bases de datos y comunicación automatizada a instrumentos de intervención (equipos de fertirrigación, por ejemplo), permite los siguientes resultados y productos: Post flight, con procesamiento y análisis de imágenes georreferenciadas. Cartografía de áreas seleccionadas en una explotación o fracción de esta. Mapas sectorizados de cultivos según atributos específicos: salud de plantas, stress hídrico, volumen de canopia o vegetación. Imágenes en ortomosaicos georreferenciados y modelos digitales del terreno en 3D. Imágenes de bandas infrarrojas con espectro donde se observa alta reflectancia de plantas. Cálculo de números de plantas, cantidad de biomasa y de producción. Comprobación de irrigación y su perfil, ajuste y gestión del riego. Medición de clorofila, evaluación de stress, detección de malezas, plagas y enfermedades, monitoreo de estado fenológico. Planificación de riego y drenaje, aplicación de fertilizantes.
En Chile la edad de jubilación corresponde a los 65 años. Y a esa edad don Rubén Pérez Cerda se atreve a innovar, incorporando tecnología y nuevos conocimientos que le permiten un mejor desempeño y mejores resultados. “En una lógica simple: si hacemos lo que siempre hacemos el resultado siempre será el mismo- nos dice. Si queremos otros resultados, el acto de innovar puede cambiar ese pronóstico”. La comunidad científica muestra resultados, productos y avances prometedores: se incrementa la precisión de las imágenes, se logran productos más confiables para la agricultura de precisión y cada vez es posible analizar más elementos relacionados con el desarrollo de los cultivos y los factores que condicionan sus rendimientos.


