No bajemos la guardia ante el Covid-19 y continuemos guiando a los/las agricultores(as), campesinos(as) e indígenas a seguir cuidándose y vacunándose
El mundo atraviesa otra ola de contaminación por Covid-19, esta vez con el protagonismo de la variante Ômicron, que tiene un alto nivel de contagio y el potencial de causar reinfecciones en quienes han contraído el virus previamente. Desafortunadamente, América Latina no ha escapado a esta ola, y después de un período optimista de reducción de casos el año pasado, ahora vive un nuevo aumento, con datos que indican que al menos 10 países latinos están cerca del pico de su curva de contagios esta semana, y otros continúan avanzando en el número de casos. A modo de información, a principios de enero se registró un aumento del 703% en los casos de Covid, según los mecanismos oficiales de seguimiento.
Como resultado, tenemos hospitales sobrecargados y muchos otros impactos sociales y económicos que nos preocupan inmensamente, especialmente cuando pensamos en la falta de infraestructura de salud pública en muchas regiones rurales del continente. Y por ello, es fundamental que mantengamos con firmeza el trabajo que ya vienen realizando nuestras gremiales con sus asociados, sobre la importancia de no relajarnos en los cuidados de prevención del contagio por el nuevo coronavirus, y también con reforzar el mensaje sobre la importancia de vacunarse.
Son las vacunas las que están haciendo posible que hoy el número de muertes por Covid en varios países no esté a la altura del aterrador crecimiento del contagio, a pesar de que algunos países están más avanzados que otros en sus campañas, pero en general se están moviendo bien en esta dirección. Se sabe que las vacunas que existen hoy en día no previenen la infección por el virus, pero son capaces de aliviar los síntomas y evitar que muchos casos lleguen a complicaciones fatales.
En otras palabras, con la vacunación se preservan más vidas, y ese es el mejor argumento para dialogar con nuestro público. Alertándolos para que busquen los puestos de vacunación en sus territorios y ejerzan el derecho a ser vacunados gratuitamente, y también a toda la familia, incluidos los niños, con todas las dosis recomendadas por las autoridades sanitarias del país. Y además, mantener los cuidados básicos establecidos desde el inicio de la pandemia, como el uso de mascarillas y alcohol en gel para higienizarse las manos, especialmente cuando se necesite visitar centros urbanos, y no participar en aglomeraciones de personas, donde hoy posibilidades de circulación del vírus.
Sabemos que el trabajo en el campo no debe ni puede detenerse, y para que continúe, los/las agricultores(as) familiares, campesinos(as) e indígenas deben estar en plena salud para continuar en la importante misión de producir alimentos sanos y asequibles para la población. Y sobre todo, que sean realmente valorados por ello, con políticas de promoción de sus producciones y que garanticen su permanencia en el campo con dignidad y seguridad.
Después de todo, además de la crisis del Covid, no podemos olvidar que nuestra región también está experimentando un grave aumento del hambre y la inseguridad alimentaria, y la AFCI es estratégica para enfrentar este problema, hecho que debemos seguir recordando a las autoridades constantemente. Y exigiendo también a estas autoridades que tengan una mirada especial al campo en toda su diversidad de sujetos, trabajadores y trabajadoras rurales, jóvenes y ancianos, y no dejen de incluir a este público en sus campañas de apoyo social en estos momentos.
A pesar de lo difícil que van a ser las cosas en este momento, mi mensaje es que no nos desesperemos y no dejemos que el miedo gane. La esperanza es importante en este momento, y debe estar unida a los mecanismos de prevención de contágio disponibles para que podamos llevar una vida lo más normal posible, en la perspectiva de que este virus pueda ser superado en algún momento del futuro cercano.
Alberto Broch, presidente de COPROFAM


