Agricultura Familiar Campesina en tiempos de crisis sanitaria: seguridad alimentaria y desafíos
Frente a situaciones de crisis como es la pandemia provocada por el Covid, de qué manera ha respondido a requerimientos de tan alta exigencia, la agricultura familiar campesina. La AFC, los modelos agropecuarios de producción y los territorios rurales están en proceso permanente de transformación, adecuándose a las nuevas exigencias de los consumidores, buscando mecanismos de mejorar sus sistemas productivos, pero respetando la naturaleza. Con lo que se ha llamado la tercera revolución tecnológica surge un nuevo modelo de acumulación en la industria y en la agricultura, controlado por las cadenas globales de valor.
“Con la pandemia se ha visibilizado la relevancia de la seguridad alimentaria y la calidad de nuestra comida diaria”, indica Lilian Barrientos del Centro Agroecológico Mongelechi Mapu, ubicado en Nueva Imperial, región de La Araucanía. Esta crisis sanitaria “posiblemente estructurará un nuevo orden económico y productivo, que seguramente afectará más a los actores en situación de pobreza.
Hoy la población rural cuenta con mayores costos de producción, menores oportunidades en el mercado y, por ende, con menos ingresos, desatendidos además de las políticas públicas orientadas al desarrollo de este sector”.
Hay que considerar que la producción campesina y los sistemas de producción limpia de alimentos en general, aporta ventajas comparativas para los consumidores que se inician con el precio. Y “bien sabemos -dice Orlando Contreras, presidente de MUCECH, que la gente de las localidades consume de acuerdo con sus calendarios de producción y el mundo campesino, además de ofrecer esas ventajas comparativas relacionadas con la producción limpia y el respeto al medio ambiente, es sin duda la principal fuente de abastecimiento de las mesas urbanas”.
También incursiona el estudio en saber cómo ha respondido la cadena de producción y abastecimiento en general: transportistas, trabajadores de agroindustrias, empresas importadoras y exportadoras, mercados mayoristas y minoristas. La Constitución Política de 1980, aún vigente, señala que “es deber de los órganos del Estado respetar y promover tales derechos, garantizados por esta Constitución, así como por los tratados internacionales ratificados por Chile y que se encuentren vigentes “.
La Universidad de la Frontera, a través de varias instancias, se relaciona con el Observatorio del Derecho a la alimentación en América Latina y el Caribe (ODA-ALC) que es una red académica, comprometida con la Agenda 2030, que intercambia información y genera evidencia para ubicar la lucha contra el hambre y la malnutrición en lo más alto de la agenda pública.
Si bien es cierto que el análisis general de los mercados globales arroja actualmente números positivos respecto al abastecimiento de alimentos, debido a que los stocks globales marcan un nivel favorable a raíz de las buenas cosechas por parte de los países productores, la nutricionista y magíster en Gestión en Desarrollo Sustentable, Angélica Hernández, representante de ODA-Chile y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Frontera de la Universidad de La Frontera, advierte que “los principales problemas que podemos comenzar a ver es el alza injustificada de precios en los alimentos, ya que la oferta se ha mantenido estable en el mundo y en la región, por lo que solicitamos como Observatorio impedir la especulación en periodo de crisis. El escenario se vuelve más complejo en caso de que la pandemia se extienda en el tiempo, porque allí veremos mayor presión en las cadenas de abastecimiento y estaremos frente a otra magnitud del conflicto”.
FAO en el documento Sistemas de innovación para el desarrollo rural sostenible, señala que “a través de toda su historia la agricultura familiar ha experimentado y acumulado conocimiento para adaptar los sistemas agrícolas a las condiciones locales. La agricultura familiar tiene un rol preponderante en reducir la pobreza rural, enfrentar la inseguridad alimentaria y malnutrición, y promover un sistema alimentario sostenible. En América Latina y el Caribe (ALC) la agricultura familiar está conformada por aproximadamente 60 millones de personas, ocupa el 81% de las explotaciones agrícolas y genera entre el 57% y 77% del empleo agrícola. La agricultura familiar tiene además un rol crítico en la provisión alimentaria al contribuir entre el 27% y el 67% de los alimentos a nivel nacional.
Las áreas rurales enfrentan desafíos particulares. Sus indicadores socioeconómicos tienden a ser peores que en las áreas urbanas. Esto se ve reflejado en un peor acceso y niveles de servicios públicos como educación, salud y vivienda, falta de infraestructura básica como calles, sistemas de irrigación y comunicación, y desigual acceso y disponibilidad de tierra y agua. Estas condiciones afectan además de manera desproporcionada a los pueblos originarios y a las mujeres. A pesar de estos problemas y una creciente diversificación de las fuentes de ingreso, la agricultura sigue siendo el eje a partir del cual se determina la estructura productiva, las relaciones sociales y la interacción con la naturaleza circundante en las áreas rurales”. El gran reto de un enfoque de innovación basado en la experiencia de la agricultura familiar y hogares rurales radica en cómo replicar ese conocimiento a escalas mayores”.


