Una alta presión tributaria y un bajo retorno de servicios no contribuyen al desarrollo rural

Recién comenzado el año, el gobierno nacional dispuso, una vez más, una serie de medidas para el sector agropecuario, que implicaron intervenciones que afectaron los mercados del maíz y del trigo, en algunos casos mediante resolución y en otros por medio de anuncios y/o propuestas que luego se convertirán en disposiciones legales. Ante ello, dejamos en claro que desde FAA no habíamos sido parte en ninguna de las decisiones que ha tomado el gobierno, y que no compartíamos ni el rumbo, ni ninguna de las medidas tomadas. La intervención arbitraria y no consensuada en los mercados, en cualquiera de sus formas desnaturaliza las relaciones comerciales dentro de cada cadena y siempre impacta sobre la producción primaria. Por ello, desde nuestra entidad seguimos reclamando una participación virtuosa del Estado, para evitar los abusos de posiciones dominantes en la cadena y en favor de los pequeños y medianos productores con el fin de equiparar los desbalances propios de las escalas productivas.

Paralelamente, este 2022 comenzó con una agenda cargada por las demandas de nuestros asociados. No es para menos, pues tanto la sequía, como las intensas lluvias, el granizo y vientos huracanados causaron graves daños en diferentes puntos de nuestro país. Y, hay que decirlo, ante cada contingencia climática, la desidia de las políticas agropecuarias queda al descubierto. Y la realidad demuestra que no hay ejecución de obras definitivas para mitigar los efectos del cambio climático, lo cual resulta inverosímil. Es impensable que un país como el nuestro, que requiere de la producción, no realice obras trasversales e interprovinciales para contrarrestar los daños al sector que le aporta 7 de cada 10 dólares que ingresan a las arcas nacionales.

En sentido, debemos mencionar que, si bien las lluvias llegaron a gran parte de las zonas productivas del país trayendo un poco de alivio a cultivos que estaban muy al límite, lamentablemente igual se verán afectados los rindes. La menor producción por hectárea será porque las precipitaciones llegaron tarde a los cultivos y el estado fisiológico de las plantas no les permitió su recuperación, producto de un estrés hídrico muy prolongado.

En algunas zonas, las precipitaciones que llegaron hasta los 400 mm, y produjeron graves anegamientos con caminos destrozados, la imposibilidad de ingresar y salir de los campos, complicando más aún la situación. Pasamos en 24 horas de una sequía extrema a inundaciones. Para dar respuestas frente a la urgencia climática, adjetivamos como “obsoleto” al fondo de emergencia y desastre agropecuario actual y reiteramos el pedido de que la política actualice el monto asignado en 2009. Fundamentamos, en ese momento, lo que la realidad mostraba: el mapa agropecuario del país indicaba que casi todas las provincias argentinas se encontraban en desastre o emergencia agropecuaria.

El panorama es muy complejo para hacer entender a un gobierno y funcionarios a quienes pareciera no importarles todo lo que estamos viviendo los productores en este escenario tan dramático. Hasta ahora, la única solución que se les ha ocurrido fue cambiar cada tanto las personas que ocupan ciertos cargos como un sistema de fusibles para volver a empezar. Y eso no es lo peor o lo más indignante, sino el hecho de que cada uno llega “con libreta nueva” y nos obligan a contar desde cero las demandas y políticas públicas que necesitamos. Esto sin mencionar la intencionalidad política que se puede leer entrelíneas cuando las personas elegidas para los cargos provienen o tienen origen en las entidades agropecuarias, pero pasa el tiempo y ninguna de ellas actúa con el foco en los productores.

Estoy convencido de que es necesario unir fuerzas para combatir tanto abuso, debemos trabajar colateralmente para armar un bloque fuerte con la cantidad de personas necesarias para realizar acciones gremiales para presionar y dar respaldo a lo que se discute en una mesa. Y por ese motivo participé del encuentro nacional de productores de alimentos en Armstrong, Santa Fe junto a entidades federadas de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, Santa Fe y mis pares de la Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias (CEEA). En ese ámbito les expresé a los presentes: “En esta lucha debemos estar todos unidos y este tiene que ser el punto de partida, pero nuestra lucha la debemos llevar adelante no solo por los productores de granos y carnes, sino también por las producciones y productores de economías regionales que están pasando una situación realmente muy compleja. Debemos entre todos encontrar las soluciones de forma solidaria por el bien común que es el trabajo y con el trabajo saldrá adelante el país”.

En el marco de esa asamblea de debate y propuestas desde FAA le reclamamos al gobierno nacional que retire las retenciones a la soja hasta llegar a cero, con un mínimo no imponible desde abajo hacia arriba, desde las primeras toneladas de producción. También una reforma impositiva y levantar el cepo a la carne vacuna.

Días después, en la localidad de Bigand, en una reunión conjunta de los Distritos 6 y 7, debatimos con los delegados de las entidades Federadas los temas centrales que vamos a reclamar ante los diferentes gobiernos provinciales y nacional sobre las situaciones agobiantes de los pequeños y medianos productores. Allí se remarcó la muy mala implementación de la segmentación de retenciones con el consecuente beneficio nulo a la producción. Sobre este tema, volví a proponer que desde nuestra entidad deberíamos trabajar para conseguir un mínimo no imponible (MNI) para establecer retenciones cero a la producción de soja, que podría rondar en las 300 toneladas. Aclarando que, con este sistema, quedarían disponibles para los productores las 100 toneladas de soja que son las que se lleva el estado en DEX.

Hemos dicho hasta el cansancio que el problema no está en el campo, el problema está en la política económica, pues de allí sobresalen y se retroalimentan la inflación y el déficit fiscal. Estamos comprometidos como entidad en la búsqueda permanente de canales de diálogo con todo el arco político, para encontrar caminos que permitan lograr una mayor producción para la generación de divisas al país. Pero lo cierto es que, desde el Gobierno Nacional, nos invitan a mesas, pero siempre y sólo a escuchar decisiones tomadas de antemano. Lo peor es que esas políticas que proponen apuntan a intervenciones de mercados que terminan con menos exportaciones, menos ingresos de divisas y menos trabajo, como si esa receta (sobradamente aplicada en el pasado, con pésimos resultados comprobables) fuese la única que tienen para cada problema.

Enfrentamos sequías, incendios, caminos en malas condiciones para sacar las producciones, canales que, ante los excesos hídricos no ayudan a descomprimir, no tenemos obras para riego ante la falta de precipitaciones. Somos víctimas de robos, roturas, daños intencionados, usurpaciones, fundamentalismos ambientales, presión impositiva, diferencial cambiario del 100% y costos inflacionarios. Además, padecemos la constante demonización de parte de funcionarios y dirigentes que sólo intentan mostrarnos ante la sociedad como responsables de todos los males, lo cual no sólo no es así sino, por el contrario, muchas veces somos víctimas de ellos.  Y esto además con un Gobierno que, a más de dos años de haber asumido, en muchos casos nos puso en la vereda de enfrente y hasta ahora no cumplió sus promesas de ayudar al campo que es el motor de la Argentina.

Entonces, como dijimos, desde nuestra entidad seguimos abiertos a un diálogo pero que sea serio, con propuestas de políticas públicas que nos contengan, que nos den previsibilidad y reglas claras, para que todos podamos trabajar pensando en producir. Porque no queremos ni podemos estar todo el tiempo con incertidumbre ante las infinitas trabas que día a día se dedica a instalar este Gobierno que por lo general perjudica a nuestros pequeños y medianos productores.

También en esta línea, nos hemos desvinculado del Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), que fue un espacio fue conformado con expectativas, pero pasó el tiempo y constatamos que era un espacio del cual se valía el gobierno para mostrar una supuesta cercanía con el sector, al tiempo que al interior del grupo, tampoco veíamos en el diseño de las propuestas que de él surgían que se reflejaran las necesidades de los pequeños y medianos productores. En tal sentido, nos pareció adecuado abandonar un ámbito en que no nos sentíamos debidamente escuchados y que, por otro lado, se prestaba a confusiones acerca de la relación que mantenemos con el gobierno nacional.

Por todo esto, considero que es necesario comenzar este nuevo año con una impronta gremial que marque e incida en la agenda legislativa, ministerial y ejecutiva a este gobierno. La situación de contingencias climáticas a nivel país nos puso contra las cuerdas. En este momento de crisis no nos queda más tiempo para exigir la contraparte del Estado que corresponde a nuestro sector. No podemos permitirnos quedar en el camino por culpa de malas políticas y por una administración estatal pesada e ineficiente. Debemos estar decididos a luchar para cambiar esta triste realidad que nos toca vivir actualmente. Los estaremos convocando a asambleas para coordinar propuestas, que serán acompañadas de gestión y, si es preciso, también de acciones gremiales; contamos con ustedes para continuar con esta lucha.

Carlos Achetoni, presidente de Federación Agraria Argentina