Para reconstruir la Argentina que soñamos

El mes de febrero fue marcado por los incendios ocurridos  en Corrientes. Los mismos mostraron una situación caótica, con grandes pérdidas productivas y humanas, como fue el caso de los dos bomberos que dejaron su vida intentando salvar animales, plantas y esencialmente de personas. Dichos incendios devoraron 800.000 hectáreas, produciendo daños económicos y sociales incuantificables. Con una logística de bomberos y personal de mitigación de fuego se logró contener las llamas, que  luego las lluvias terminaron por apagar.  Pero con los calores intensos la probabilidad de que se formen nuevos focos es alta.

Pero luego de todo el drama que fue acompañado por las cámaras y los políticos, que ocupó las conversaciones de todos los argentinos, a partir de ahora a Corrientes le toca transitar el grave problema de la no visibilización. Es que, una vez contenido el fuego, los medios de comunicación  dejaron de tener a la población informada y, por ende, a la política interesada. Realmente ahora es el momento donde debemos estar más presentes que nunca al lado de nuestros hermanos  correntinos, con gestiones gremiales que los ayuden a salir de tremenda crisis. Hay productores que  perdieron todo y sin una política de Estado ágil y eficaz, no podrán seguir adelante.

Debo destacar la solidaridad de todo el sector agropecuario, quienes enviaron donaciones a los distintos puntos provinciales de mayor necesidad, pero sobre todo quiero resaltar a las filiales federadas que hicieron grandes aportes a esta causa.

Por efecto del cambio climático, la producción a cielo abierto se está volviendo cada vez más difícil. Las altas temperaturas, falta o exceso de precipitaciones, heladas, granizo, vientos huracanados o incendios  son factores que vienen haciendo estragos, productivamente hablando, año tras año. Parece que ha llegado la hora en que desde el Estado se trabaje en pos de lograr una cobertura multirriesgo para mitigar los daños, contener a los productores y de esta manera evitar su éxodo de la actividad y que queden por fuera del circuito productivo. Este es un reclamo histórico que venimos realizando y que cada vez se torna más necesario. Le hemos solicitado desde la entidad infinidad de veces a las autoridades y legisladores poner en funcionamiento esta herramienta tan necesaria para los productores de menor escala. Ya no hay tiempo para perder sobre este pedido. Y la realidad, tristemente, nos da la razón.

En política agropecuaria,  existen problemas estructurales  que se podrían resolver con decisiones y con un plan de acción a corto, mediano y largo plazo, en temas inherentes a infraestructura, seguros multirriesgos, presupuesto acorde para emergencia agropecuaria, educación, conectividad y salud de primer nivel en la ruralidad, créditos por producción, compra publica, instauración de mercados de cercanía que beneficien a productores de la agricultura familiar y fortalecimiento del consumo interno con una quita del IVA a productos de la canasta básica que se vea reflejado en el poder adquisitivo de la gente. Estas propuestas y tantas otras le hemos llevado durante este tiempo a los funcionarios nacionales, pero no fuimos escuchados.

Por eso reclamamos y solicitamos un sistema impositivo progresivo y distributivo. No soportamos más la presión fiscal sin destino al desarrollo productivo, regional y social. Se necesitan políticas activas en este sentido y dejar de llenar una caja para uso discrecional de los gobiernos de turno.

No podemos seguir aceptando un relato construido donde parece que vamos por el camino correcto, pero que después no se traduce en herramientas y políticas en ese sentido, sino que (por el contrario) se siguen favoreciendo a los mismos actores concentradores de la economía argentina. En lo personal, provengo de una producción de economías regionales donde nos vendieron por años ese tipo de promesas vanas y hoy solo queda descreimiento  a la política en general. En mi zona, como en tantas otras, han desaparecido o están en estado de abandono montes frutales de todo tipo, olivos y viñedos.  Esto se traduce en desaparición de agricultores y sus familias, y se da con la complicidad de muchos políticos que escuchan y prometen durante las campañas electorales y luego nunca aparecen las ayudas.

En este difícil contexto, vimos necesario realizar asambleas para escuchar a los productores y comenzar una acción gremial demostrando que estamos de pie y dispuestos a luchar.  Por ello hemos decidido convocarnos en Alcorta, donde comenzó nuestra historia y donde vamos a reivindicar nuestra lucha.

No debemos pasar desapercibido el problema de la guerra entre Rusia y Ucrania, más allá del dolor que causan siempre este tipo de enfrentamientos bélicos con pérdidas humanas y migraciones de miles de familias que escapan de tan tormentoso hecho que a lo largo de la historia de la humanidad dejó tantas secuelas con pueblos destruidos hasta el punto de desaparecer. En este punto que la mirada geopolítica se enmarca nuevamente, entre otros, en la producción de alimentos, es que ambos países son dos competidores de nuestros mercados de commodities. Por ello vemos cómo los últimos días los precios internacionales sufren variaciones hacia la alza en la cotizaciones diarias. De no firmarse un acuerdo de paz pronto, seguramente los precios de los alimentos y petróleo continuaran su tendencia alcista.

Sobre este mismo escenario, Argentina se encuentra en medio de una encrucijada para llegar a un pacto político para aprobar  en el Parlamento nacional el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta sin duda será la llave para volver al mercado financiero y darle la estabilidad internacional que el país necesita. El problema real para nuestro sector es que, una vez más, el oficialismo con la excusa ahora de pago de deuda, apunta a que con un aumento de retenciones sería más fácil afrontar las exigencias manifiestas en dicho acuerdo. Entonces nos vuelven a poner en la incertidumbre, y como pequeños y medianos productores no contamos con la espalda económica para plantarnos y decir no sembramos nada hasta que haya certidumbre para hacerlo. Todo lo contrario: o sembramos y cosechamos año tras año o dejamos de ser productores; porque la carga tributaria es cada vez más leonina y no me voy a cansar de decir que las retenciones son a la fecha lo que los contratos leoninos eran para los arrendatarios en 1912.

No nos dejan margen para errar una cosecha, los gobiernos de los últimos 30 años han mantenido, reafirmado y aumentado la voracidad fiscal sin una política distribucionista hacia el interior productivo.

Por todas estas cosas, creemos que llegó la hora de hacer asambleas y reclamos, buscando incidencia política. Tenemos la necesidad y la obligación como entidad gremial de hacer escuchar nuestra voz. Para ello convocamos a Alcorta, para hacer fuerte nuestro reclamo, para tener fuerza de presión sobre los que tienen que tomar las decisiones en este país. Debemos mostrar nuestro malestar, cada uno desde su lugar, pero todos unidos. Si  dejamos que nos sigan avasallando todo el esfuerzo, la construcción y el desarrollo que hemos logrado con tanto trabajo, se desvanecerá. Y no podemos permitirlo.

Nos encontraremos en esa localidad santafesina, en el monumento que conmemora a la gran gesta agraria que la historia conoció como el “Grito de Alcorta”. Allí trazaremos el accionar gremial para los próximos tiempos, con pedidos de diálogo certeros, escuchas activas y propuestas para que la política agraria argentina sea diseñada, aplicada y traducida en leyes, previo debate y compromiso de todo el Poder Legislativo, que es (en definitiva) quien representa los intereses de los ciudadanos y de las Provincias donde habitamos.

Necesitamos reconstruir un país Federal, para poder dejar atrás este tiempo en que nos sentimos cada vez más vapuleados por la concentración económica y política. Solo así, unidos, fortalecidos y produciendo en nuestros lugares de origen, podremos luchar para reconstruir la Argentina que soñamos, con trabajo y desarrollo.

 

Nota de opinión de Carlos Achetoni, presidente de Federación Agraria Argentina.