Sin una política agraria diferenciada que nos contenga, nos siguen condenando a desaparecer

Transitamos un mes de abril con un alto revuelo político, desde el oficialismo pareciera que ya están pensando en las elecciones del 2023 y dejan de lado los problemas estructurales que siguen aquejando a nuestro país por décadas y que le hacen tanto daño a la sociedad en su conjunto.

El mes anterior comenzamos por mandato de la asamblea realizada en el Monumento al Grito de Alcorta a realizar reuniones con bloques de diputados y senadores de diferentes partidos con el fin de comenzar a construir políticas de índole parlamentaria que contribuyan al desarrollo agropecuario y del entramado rural en su conjunto.

Esto tuvo su repercusión política, pues nos permitió instalar entre los legisladores y la opinión pública la necesidad de darle tratamiento a nuestras demandas que tienen como fin único la producción, el trabajo y el desarrollo local. Pero, lamentablemente, desde un sector de mucho poder del oficialismo nos siguen catalogando como sus enemigos y nos quieren imponer más trabas que solo desestimulan a nuestros representados.

Le transmitimos a los legisladores nacionales de los interbloques que nos recibieron la insuficiencia de políticas públicas que contengan las necesidades de los pequeños y medianos productores. Por eso sostenemos que era y es imperioso comenzar a trabajar con el Poder Legislativo en temas esenciales como lo son: una reforma impositiva integral; el retiro de retenciones desde abajo para proteger a los pequeños y medianos productores y elevación del piso del mínimo no imponible de impuesto a las ganancias para que tenga progresividad y escalonamiento. También en adecuar la ley de arrendamientos para garantizar la permanencia de los pequeños y medianos productores en la producción con condiciones para el arriendo y el desarrollo local, que minimice el ingreso de capitales por fuera del sector y la especulación, porque necesitamos más producción con más productores; formular una ley de economías regionales que permita estimular y reactivar esas producciones, conteniendo el entramado socio productivo de cada región. Además hay que buscar la generación de precios de referencias en producciones que no lo tienen, para evitar la distorsión entre lo que reciben los productores y lo que pagan los consumidores; avanzar con la reglamentación de la Ley de Agricultura Familiar que brinde herramientas eficaces para su promoción, desarrollo y arraigo de la familia rural; y  generar un plan arraigo de mujeres, hombres y los jóvenes en especial con condiciones económicas y sociales de infraestructura de caminos, conectividad, energías alternativas, etc. para la regeneración del entramado rural del interior del país.

La política en su conjunto tiene una deuda histórica con nuestro sector. Durante décadas se excluyó al sector socio productivo más extenso e importante de un país agrícola ganadero por excelencia, de políticas públicas a mediano y largo plazo. Por omisión y complicidad, durante los últimos 30 años se ve la continuidad de políticas estructurales que favorecieron la concentración y hoy vemos los resultados de esas políticas nefastas:  pueblos envejecidos producto de la falta de oportunidades para jóvenes e hijos de productores que se fueron a las grandes urbes en busca de alguna oportunidad para sobrevivir.

A lo largo de estos años fuimos testigos de cómo la cultura del trabajo fue perdiendo protagonismo, mientras que el asistencialismo de parte del Estado se convirtió para quienes nos gobernaron en la única solución a la pobreza e indigencia, en un país que desde su independencia creció al compás del esfuerzo personal de cada uno de sus habitantes. Estas ayudas sociales son una mochila de plomo para el Estado Nacional, si no son acompañadas de planificación para la inserción en el mundo laboral nuevamente, con políticas activas.  Nadie puede estar en desacuerdo que una persona reciba ayuda si se queda sin trabajo, pero lo malo es que las mismas no tengan una duración en el tiempo determinada y que no sean compatibles con el trabajo formal, por ende, nadie quiere registrarse y esto conlleva a la falta de mano de obra o peor aún a un universo jurídico pergeñado para juicios laborales. Necesitamos recuperar la dignidad del trabajo, el incentivo para el desarrollo de las capacidades de cada argentino, especialmente del trabajo agrario.

Esto claramente en economías con mano de obra demandante como lo son las extra pampeanas o regionales, conlleva a que muchas de sus producciones, que son perecederas y por ende tienen un tiempo máximo de cosecha, se terminen perdiendo por falta de cosechadores.

Son tantas las crueles realidades productivas que nos agobian a los productores que se vuelven innumerables: el precio del combustible aumenta mes a mes y lo peor es que también cuesta mucho conseguirlo, siendo este un insumo esencial para nosotros; sumado a los precios de los fertilizantes que están atados al dólar y a variables por precios internacionales producto de un mundo geopolítico que se ve afectado por una guerra entre Ucrania y Rusia.

En este sentido, un sector del gobierno también aprovecha estas circunstancias internacionales para intentar seguir sacándonos con aumentos de impuestos, retenciones o mecanismos que intentan imponer, sin consensuar con nosotros u otros representantes genuinos. En este sentido el relato oficialista nos pone de cara a la sociedad como los únicos culpables de los aumentos de precios, como si las variables micro y macro económicas que atraviesan a todo el país producto de la inflación, que va de la mano de una emisión monetaria sin control, nada tuviera que ver con los problemas reales.

Demócrito fue un filoso griego y decía “Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de burlas”.  La mirada hacia “el campo” que tiene algún sector de la política, y que pretenden imponer en la sociedad en su conjunto, como el “enemigo” a combatir, la “vaca” que hay que “ordeñar”, no construye una mirada objetiva y racional de lo que representa el sector de los pequeños y medianos productores para el desarrollo de nuestro país. Somos el caballo que más tira y al que más se le exige, pero nos ponen un pie de plomo encima si el Estado no nos brinda las condiciones para seguir trabajando. No nos pueden tratar igual a los que somos estructuralmente distintos, pero además como dije antes, con fomento a la concentración económica en detrimento de la pequeña escala, eso es lo que debemos irremediablemente cambiar para tener un destino diferente.

El problema de los políticos en su mayoría es que ya no quieren ser útiles sino importantes y muchas veces comienza la descomposición de los gobiernos por la decadencia de los principios por los cuales fueron fundados. Aunque la solución para la sociedad de muchos de los problemas que tiene el país parece estar alcance de las manos, parece que la vocación de estos políticos de carrera que llegaron al poder “es hacer de cada solución un problema”.

Cuando digo todo esto, no es para que nos desentendamos de la política y tiremos la toalla por hartazgo, sino todo lo contrario. Debemos por todos los medios ocuparnos e intentar por los medios democráticos que lleguen representantes que tengan valores éticos y ganas de sacar el país adelante. Llevamos por lo menos tres décadas de un pueblo reservado, que no se involucra demasiado y así es gobernado por funcionarios incompetentes que ocupan cargos de mucha transcendencia, que hablan de equidad social mientras duele una pobreza que supera el 50%, desde un lugar de privilegios y de lujo que dan las mieles de la función pública.

Es indignante que, en este país, tan rico por donde se lo mire, no se pueda diseñar una política agropecuaria que atienda nuestros problemas. Por otro lado, vemos que se despilfarra dinero en nombre de la justicia social, cuando la verdadera justicia social es tener un trabajo, acceso a una vivienda digna y poder brindarle educación y salud de calidad a sus ciudadanos y habitantes. En este país las cosas funcionan al revés de lo normal, se fomenta a los que no trabajan, empujados por dirigentes sociales que solo quieren su propio bienestar económico. Estamos al borde de la oclocracia, ésta se nutre del rencor y la ignorancia; es el peor de los sistemas políticos, el ultimo estado de la degradación del poder o sea la degeneración de la democracia.

Quiero transmitirles que estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para conseguir las políticas públicas que son necesarias para los pequeños y medianos productores, para detener esta concentración galopante que se está llevando puestos a nuestros pueblos del interior y a 5.000 productores por año, para demostrar día a día que no somos formadores de precios, que el mercado voraz y concentrado, con más la alta carga impositiva, forma precios exorbitantes, con el permiso del Estado que no ejerce sus funciones de contralor para evitarlo, mientras nos culpa a los productores públicamente.

Para finalizar quiero aprovechar para seguir instando a todos los pequeños y medianos productores a seguir luchando, porque este país y nuestros hijos merecen un futuro prometedor, ya que sin una política diferenciada agropecuaria que nos contenga, nos siguen condenando a desaparecer. Por ello antes de despedirme quiero dejarles una frase del Gral. Don José de San Martin, “Robar es un delito, pero arruinar un país es traicionar a la Patria”. ¡Sigamos luchando por la Patria que nos meceremos!

Por Carlos Achetoni, presidente de Federación Agraria Argentina