Avances a gran y menor escala con un mismo fin: mejoramiento de los sistemas productivos de la agricultura familiar campesina
Como indica el Instituto de Investigaciones Agropecuarias, a lo largo de los últimos años se ha podido apreciar cómo la actividad humana se ha visto influenciada por la aceleración del cambio climático debido a la quema de combustibles fósiles, deforestación y cambios en el uso de suelo que aumentan la emisión de gases de efecto invernadero hacia la atmósfera, generando un incremento en la temperatura de la Tierra. Algunas de las consecuencias incluyen el derretimiento de glaciares, el aumento de las precipitaciones y de la frecuencia de eventos meteorológicos extremos, y modificaciones en las estaciones del clima. El ritmo acelerado del cambio climático, junto con el aumento de la población y de los ingresos a nivel mundial, amenazan la seguridad alimentaria en forma global. Otra variable que debe ser considerada tiene directa relación con el comportamiento de los mercados nacionales e internacionales, que provocan una alta presión en los sistemas productivos, que obligan a una urgente actualización tecnológica para poder mantener la rentabilidad del negocio agrícola.
La crisis sanitaria del mundo trajo consigo el enfriamiento de las economías. La guerra es, o ha sido pretexto, para un alza de los precios de artículos de primera necesidad. Los efectos en ambos casos son desastrosos. Las economías familiares han tenido que soportar estos impactos y la suma de consecuencias. En lo más álgido de la crisis, incluida la del cambio climático y déficit hídrico, los gobiernos vuelven a poner sus ojos en sus producciones locales, y sobre los hombros de la agricultura familiar campesina recae una responsabilidad mayor: seguir abasteciendo los mercados con sus productos frescos como lo hicieron durante toda la pandemia, manteniendo los precios y la soberanía alimentaria. Múltiples experiencias hemos narrado en este mismo sitio acerca del cómo afrontar esos desafíos. Y a pesar de que muchas veces son invisibilizados por las políticas públicas, el mundo campesino responde con generosidad, haciendo uso de las más variadas estrategias de desarrollo como en este caso que a continuación narramos.
Mejorar la producción por metro cuadrado gracias a un uso más eficiente del suelo es la ventaja de producir hortalizas en invernadero, una opción que es cada vez más aprovechada por los pequeños productores INDAP, como ocurre en el Servicio de Asesoría técnica SAT de Hortalizas, de San Carlos y Ñiquén, donde de un total de 28 agricultores, 20 se adjudicaron invernaderos en el año 2021. Incorporar tecnologías y modernizar de esta manera los sistemas productivos, es el camino posible de explorar. Y así lo hicieron. La incorporación de cultivos bajo plástico representa un gran avance los productores, ya que se logran una mejor producción de hortalizas a través del uso de plástico genera un ambiente controlado que permite plantar en contraestación. Algunos productores fueron más allá y 12 de ellos se atrevieron a producir con invernaderos tipo macrotúneles, los que tienen una estructura de fierro galvanizado con plástico tricapa, de mayor vida útil.
Eloy San Martín, asesor del SAT Hortalizas, destacó que además de las ventajas mencionadas, este tipo de estructuras cuenta con una cortina lateral completa semiautomática, lo que permite el ahorro de tiempo. La mayor altura, de 3,5 metros, propicia un ambiente más fresco en el verano, y su techo semicircular permite temperarlo más rápido:
Durante el año 2021 logramos implementar 20 invernaderos, de los que 12 tienen estas características tecnológicas”, comentó la directora de INDAP Ñuble, Tatiana Merino, quien destacó que contar con este tipo de infraestructuras es muy relevante para el abastecimiento de nuestros consumidores como San Carlos y Chillán. Y continúo: “Lo que queremos es que la pequeña agricultura de la región de Ñuble, con invernaderos, sean capaces de abastecer a los polos consumidores de la zona y que no tengamos que traer los alimentos desde el norte a una región que es eminentemente agrícola y que tiene este capital humano y social”, comentó. Para eso, se está incorporando mayor tecnología a la Agricultura Familiar Campesina, enfocando recursos sectoriales junto a inversión del Gobierno Regional de Ñuble para modernizar el rubro de hortalizas, así como otros rubros de mayor rentabilidad”.
La misma visión es la que tuvo Ramón Elgueta, que tiene el mayor de los invernaderos de fierro galvanizado entregados: de 8 x 35 metros. En esta estructura, está cosechando ya su tercera producción de cilantro. Además, ya cuenta con una superficie productiva de 3820 metros cuadrados, donde el protagonista, además de la nueva estructura, es el riego por goteo. “Hay una gran diferencia, con el riego por goteo la tierra queda muy suelta, el agua cae en poca cantidad y muy lento; pero con el riego tendido la tierra se aprieta y eso corta las plantas”, comenta, agregando que con el riego aplica también los fertilizantes. “Antes era otro clima, pero ahora hay que regar casi todos los días y esta es la mejor forma de hacerlo”, apunta.


