El compromiso de la Universidad de Chile con el mundo rural
La universidad tiene un rol social preponderante en el desarrollo de los pueblos. La sociedad deposita en esas casas de estudios la investigación científica (más del 80 por ciento de la investigación se ejecuta en las universidades, en el caso de Chile), la innovación y las formas de adquisición de conocimientos para optar a los diferentes grados académicos. Como decía el rector Luis Riveros de la Universidad de Chile: la Universidad constituye un centro de reflexión y de crítica social, constructora de espacios de libertad intelectual y promotora del más profundo humanismo, requiriendo por ello el apoyo de la sociedad más allá del criterio estrecho de la rentabilidad financiera. Los grandes diálogos del pasado, presente con el futuro se producen en las universidades. Y la influencia del sector productivo en el diseño de las universidades, sobre todo privadas, trae consigo evidentes formas de inequidad: sectores dinámicos de la economía, pero menos protegidos se sienten invisibilizados por estas opciones. Sucede con el mundo rural y la agricultura familiar campesina.
Por otro lado, las baterías de instrumentos sociales y de fomento productivo que los estados tienen para desarrollar la agricultura casi siempre están dirigidos a la agricultura de mayor tamaño. La opción por la agricultura familiar campesina e indígena se ve debilitada y postergada: alejándose cada vez más de los centros urbanos donde es posible la comercialización de sus productos, alejándose de la ciencia donde podría mejorar su productividad, alejada de los atributos de la tecnología y de las innovaciones tecnológicas, alejada de los centros decisionales del poder político donde podría manifestar su pensamiento y tener una voz elocuente y escuchada. Cuando eso sucede, se transforma en noticia como en el caso que describimos.
La Universidad de Chile, la más prestigiosa casa de estudios de nuestro país ofrece la Cátedra de la Agricultura Familiar Campesina y la Alimentación es una de las principales iniciativas de la Casa de Bello para apoyar el trabajo de este importante grupo de la población dedicado a la producción de alimentos frescos y materias primas, en el que además se perpetúan tradiciones que forman parte del patrimonio cultural de nuestro país.
Cada 28 de julio se conmemora la publicación de las leyes de Reforma Agraria y de Sindicalización Campesina en el año 1967, realizadas durante el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva y que fueron implementadas en el mandato del presidente Salvador Allende. Si bien el proceso generó conflictos, por primera vez en la historia del país millones de personas se transformaron en protagonistas de una política pública transformadora que buscaba reivindicar los derechos de campesinos y campesinas que vivían en situación de vulnerabilidad. Los datos son reveladores: con la Reforma Agraria se expropiaron cerca de diez millones de hectáreas y casi seis mil predios, mientras que la Ley de Sindicalización Campesina creó 488 sindicatos con más de 125 mil afiliados. Ambas iniciativas permitieron mejorar la calidad de vida de las personas que vivían y trabajaban en el campo y construir una sociedad más democrática y justa.

La cátedra de Agricultura Familiar Campesina y la Alimentación es una de las iniciativas más importantes relacionadas con el mundo rural que ha impulsado la Universidad de Chile en el último tiempo. Al alero de las facultades de Campus Sur, pero sumando a otras unidades académicas, se constituye como un espacio que busca promover, fomentar y desarrollar actividades en torno a la alimentación y el mundo campesino, desde un enfoque transdisciplinar y con la participación de la sociedad.
“Todavía hay mucho que hacer por la valorización de la agricultura campesina, así como las brechas que se hacen presentes hoy. La sequía y el cambio climático han impactado fuertemente a este sector, donde muchos han tenido que migrar a otras actividades. Los costos de producción también han aumentado, haciendo más crítica la situación. Es necesario realizar acciones que busquen dar soluciones a estos temas, así como propiciar cambios de modelos, de hacer crecer los circuitos cortos de comercialización, de reflexionar sobre nuestra relación con la alimentación. Por ello, es importante trabajar para transformar los sistemas agroalimentarios”, agrega Iván Cano, quien además participa en el electivo de Agricultura campesina y desarrollo rural en la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias (Favet).
Favet y el mundo campesino
Una de las principales líneas de trabajo de la medicina veterinaria es la agricultura familiar campesina, un área que comprende diferentes prácticas agrícolas para la producción de alimentos, trabajo con las comunidades, conservación de la biodiversidad, cuidado del suelo y subsistencia a partir de los recursos naturales disponibles en cada territorio, entre otros ámbitos.
La producción animal implica aprovechar todos los subproductos que pueden ofrecer diferentes especies. Como sucede con los camélidos, cuya fibra otorga una cadena de valor a grupos familiares que se vinculan en torno a su comercialización. Existe un programa de acción comunal en ganadería camélida y otros rumiantes menores, que ha sido una continuación del trabajo que Favet ha realizado por años con las comunidades del Norte Grande de nuestro país.
“El programa busca impulsar la innovación social como catalizador de la mejora en la calidad de vida de las personas y está dirigido a grupos familiares que pertenecen al sector agropecuario, ya que dedican parte de sus actividades a la cría de camélidos. Son esenciales pues mantienen la calidad y número de animales por rebaño. Aseguran la materia prima que puede llevar a generar productos de gran valor”, explica el profesor Luis Raggi, quien ha mantenido un trabajo de larga data con crianceros de camélidos en su manejo veterinario y en la comercialización de su fibra.
Por otra parte, el profesor Claus Köbrich forma parte del sistema de acreditación Sello Manos Campesinas del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), cuyo fin es visibilizar ante consumidores atributos de los productos y servicios, dando valor a su proceso de fabricación o producción, capital humano y tradición cultural.
“El sello lo maneja un comité técnico integrado por representantes de INDAP, organizaciones campesinas y la Universidad de Chile. Nosotros diseñamos el programa y su modelo de operación. Seguimos aportando con todos los desarrollos técnicos necesarios para ampliar y mejorar el programa. Los productos se pueden comprar a los propios productores y productoras, en mercados y ferias campesinas y en las tiendas Mundo Rural en Santiago, Concepción y Valdivia”, puntualiza el profesor Köbrich, quien además es el coordinador académico de la Cátedra de la Agricultura Campesina y la Alimentación.
De acuerdo con el Censo de 2017, un 87,8% de la población chilena vive en áreas urbanas, siendo una de las tasas más altas de América Latina. Esto implica que las zonas rurales han experimentado un proceso de abandono y envejecimiento, el cual se prevé se siga profundizando sin cambios estructurales.
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