Científicos UFRO revelan que más de 200 mil hectáreas de bosque nativo se perdieron en 16 años
Científicos de la UFRO calculan que la reducción del bosque natural alcanzó a 206 mil 142 hectáreas desde Valparaíso a Aysén, en 17 años. El problema se concentra especialmente en las provincias de Llanquihue, Palena y la Región de Aysén. Fuente: El Llanquihue, 23 de octubre de 2022.
La situación de emergencia climática en el mundo tiene a científicos, académicos y a la población en general en estado de alta preocupación. Escasez de precipitaciones e incendios forestales son, entre otras materias, focos de alarma permanente en nuestro país, sobre todo cuando se aproxima la época estival. Récords de temperatura en Reino Unido, España, Portugal, e importantes incendios en Francia. Este es el escenario del verano europeo, que promete altas temperaturas -al menos- hasta fines de septiembre. El problema es que algunos expertos pronostican que estas condiciones podrían repetirse en el hemisferio sur, cuando llegue la época de verano en este lado del mundo.
Chile no será la excepción. Académicos e investigadores apuntan a que las temperaturas registradas en el hemisferio norte sobre los 40 grados, y que han llegado hasta los 45°, es posible que se repliquen en Sudamérica – en específico- en algunas regiones de la zona central de Chile durante este verano. ¿Cómo enfrentar esta realidad? La clave es prepararse con anticipación. Los bosques son, a nivel mundial, el hogar de más del 80% de la biodiversidad terrestre del planeta.
El cambio climático, explica la Corporación Forestal de Chile, CONAF, organismo dependiente del Ministerio de Agricultura, implica una variación significativa y duradera de los patrones climáticos. Sus causas principales son la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la degradación de la cobertura vegetacional. Estas causas generan un aumento de los Gases de Efecto Invernadero (GEI), cuyos efectos pueden incluir: aumento del nivel del mar; retroceso de glaciares, e; intensificación de eventos meteorológicos extremos como sequías e inundaciones.

En este contexto, los recursos vegetacionales representan uno de los principales sumideros de carbono por su capacidad natural de capturar el dióxido de carbono y almacenarlo como parte de sus estructuras físicas. Los recursos vegetacionales contribuyen además a: la regulación del régimen hídrico, mediante la interceptación de la precipitación y la regulación de la escorrentía; la conservación y protección de los suelos, especialmente la protección contra la erosión, y; la conservación de la biodiversidad. La degradación o eliminación de los recursos vegetacionales incrementa las emisiones de los GEI y disminuye la calidad de vida de la población en su dimensión social, ambiental y económica, aumentando su vulnerabilidad ante el cambio climático.
En el marco de un incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero, entre ellos el dióxido de carbono (CO2) a nivel de Chile y el mundo, y del alza constante de las emisiones per capita pese a los esfuerzos de investigación, adaptación y mitigación, es que se genera la necesidad de abordar las opciones de captura desde otras aristas, entre esas, el incremento de captura por parte del manejo de masas boscosas. Sabemos que los bosques son unos de los mayores reservorios de carbono en el mundo. Por lo tanto, su pérdida tiene consecuencias críticas para la lucha que tenemos contra el cambio climático. La presencia de los bosques incluso en sistemas agrícolas es beneficioso para la propia agricultura, por ejemplo, para el control de plagas».
En este contexto amplio, un estudio realizado por la Universidad de la Frontera de Temuco, que consideró el cambio de situación durante 17 años -debido a diferentes factores- desde Valparaíso hasta Aysén señala que se han perdido más de 200 mil hectáreas (h) de bosque nativo: un promedio de 12 mil 884 h por año. En total, casi cuatro veces la dimensión del gran Santiago.
Se trata de una investigación multidisciplinaria internacional, publicado en la revista Envirnnmental Research Letters y que en la actualidad avanza con un nuevo trabajo de campo en Chile, Brasil y Argentina liderado por el Laboratorio de Ecología del Paisaje y Conservación de la Facultad de Ciencias Agropecuarias y Medioambiente de la Universidad de La Frontera. Su autor principal es el doctor en Ciencias Forestales y decano de esa unidad, Adison Altamirano.
La investigación combinó el empleo de una base de datos global de cambios en la cubierta arbórea, imágenes satelitales de alta resolución Landsat y de Google Earth, como también el conocimiento de expertos locales. Así, el análisis permitió diferenciar los bosques naturales de las plantaciones forestales de especies exóticas con una exactitud general del 99% a través de una extensión de 40 millones de hectáreas entre Valparaíso y Aysén.
Según determinó el estudio, la mayoría de los bosques naturales que se perdieron (75%) se convirtieron en matorrales, tierras desnudas o pastizales. Una proporción importante de estos eventualmente ha terminado como terrenos agrícolas o plantaciones, sustitución que puede socavar los objetivos de un mayor almacenamiento de carbono y protección de la biodiversidad, indicó Altamirano.
En este sentido, desde las políticas públicas, explica que «hay un trabajo bien importante que se está haciendo en la reserva nacional Futaleufú, que es una restauración con plantaciones de bosque, lo que te da un indicio de acciones bastante concretas, trabajando también las amenazas, que en su caso son especies exóticas invasoras. En la zona también está el tema del chacay, en Chiloé incluso se están haciendo planes de manejo para la eliminación de esta especie que le quita espacio al bosque nativo. Lo mismo con la rosa mosqueta en algunos sectores».
La Corporación Nacional Forestal, como punto focal del enfoque REDD+ de la Convención Marco de Naciones sobre Cambio Climático, está desarrollando la Estrategia Nacional de Cambio Climático y Recursos Vegetacionales (ENCCRV), política pública que sigue los lineamientos nacionales como internacionales, considerando el enfoque de género, la interculturalidad y en concordancia con la visión de las comunidades en el territorio.
Es así como Chile, en este momento, está en la fase 3 de esta estrategia por medio del apalancamiento de US$ 63,6 millones desde el Fondo Verde del Clima (FVC), para la reducción de emisiones provenientes de los bosques, que se materializa en el Proyecto +Bosques, el cual se encuentra en etapa de pilotaje entre las regiones del Maule y Los Lagos. Para la postulación e implementación del proyecto, se cuenta con el apoyo estratégico de FAO como entidad acreditada y ejecutora ante el Fondo Verde del Clima.
El proyecto tiene una meta de intervención de 25.000 hectáreas, con acciones de gestión forestal sustentable a nivel de los territorios y acciones facilitadoras que incluyen educación ambiental, transferencia tecnológica, apoyo en la fiscalización, mejora de viveros y fortalecimiento de capacidades ministeriales, entre otras.
Como resultado de sus acciones, se espera lograr la reducción y captura de 256.000 toneladas de CO2 por año, a partir de 2030, aportando al logro de los compromisos climáticos de Chile. Desde 2020 y durante un periodo de seis años, el proyecto busca generar beneficios ambientales, sociales y económicos para alrededor de 23 mil personas de forma directa, mientras que otras 68 mil 500 serán beneficiadas de manera indirecta. De ellas, al menos un 30% deben ser mujeres y otro 30% debe pertenecer a pueblos originarios.


