Carta Abierta por la protección del Bosque esclerófilo

Tres cuartas partes de la superficie nacional sufre las inclemencias del clima y el informe elaborado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de la ONU, ha sido enfático en destacar como alarmante la situación pluvial de Chile. Desde el año 2010 el territorio comprendido entre las regiones de Coquimbo y de La Araucanía ha experimentado un déficit de precipitaciones cercano al 30%. La década 2010-2020 ha sido el periodo seco más prolongado en el registro histórico de Chile central y con muy pocos análogos en las reconstrucciones del último milenio.

La megasequía hidroclimática ha incrementado la inseguridad hídrica de la población -especialmente rural- y generados impactos negativos en la flora y fauna natural como en diversos sectores económicos, incluyendo la silvoagricultura, la generación de energía eléctrica y la minería. Las proyecciones climáticas para Chile central indican condiciones más secas y cálidas durante el resto del siglo 21, de forma que los efectos de la megasequía deberían ser empleados para anticipar y evaluar el impacto del cambio climático en nuestro país.

En la macrozona centro la situación es crítica. Valparaíso, ya el 2020, registraba un déficit de lluvias del 36,8%, que incluso en algunas áreas de la región ya abordaría el 70%. En el caso de Coquimbo, el déficit de precipitaciones anuales ya llega al 70,6%, mientras que los embalses y caudales de las provincias de Elqui, Limarí y Choapa, para mayo del 2021, no estarían transportando más del 30% de su capacidad y volumen hídrico.

Con estos antecedentes, un grupo de científicos pertenecientes al Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB; el Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES; el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia, CR2; y de las Universidades de Chile, Católica de Chile, de Santiago, de Los Lagos, de Concepción y de La Frontera, se unieron para escribir una carta abierta al país, publicitada ampliamente por El Mostrador, donde advierten sobre la urgencia de levantar políticas públicas para la naturaleza, considerando el grave panorama que actualmente vive el bosque esclerófilo de la zona central, afectado por la megasequía e incendios, entre otras amenazas latentes.

«La compleja estructura y funcionalidad de un bosque contribuye a la generación de servicios ambientales indispensables para los seres humanos, desde el placer que genera caminar por el bosque, hasta procesos vitales como la captura de CO2 y la provisión de oxígeno y agua que utilizamos para subsistir. Sin embargo, nuestra generación está siendo testigo de elevados niveles de degradación y del probable colapso inminente de un tipo de ecosistema en particular, el bosque esclerófilo», expresa la carta.

En la carta expresan que hay un número no cuantificado de árboles que murió a causa de falla hidráulica o hambre de carbono. Asimismo, detallan que «la primera gran amenaza que actualmente sufre el bosque esclerófilo es la alta intensidad y duración de la sequía, un fenómeno cuya magnitud es incluso mayor a la de otros ecosistemas Mediterráneos del mundo (California, Sudáfrica, Australia, Mediterráneo Europeo)».

Declaran que los bosques son esenciales para la vida de las personas y que entre sus aportes están «la purificación del aire (impactos en ciudades con preemergencias ambientales durante invierno), provisión de agua (impacto en la menor disponibilidad de agua para la agricultura de hortalizas que normalmente consumimos), provisión de plantas medicinales, miel (impacto en la sostenibilidad de numerosos apicultores rurales y exportaciones de miel), insectos que polinizan cultivos (impacto en la producción de frutas de temporada y alza de costo de alimentos en las ferias y supermercados), semillas y bulbos usadas por viveristas (impacto en la oferta de plantas en viveros), entre otros. El impacto indirecto en el bienestar de las personas es incalculable».

 

Los científicos firmantes son Cecilia Smith-Ramírez (U. Los Lagos, IEB), Marcela Bustamante-Sánchez (U. de Concepción, IEB), Fernanda Salinas (U. de Chile), Jorge Pérez-Quezada (U. de Chile, IEB), Iván Díaz (U. Austral), Francisco Zorondo (USACH), Matías Guerrero (IEB, U. de Chile), Solange Vargas (IEB, CAPES, CR2), Cristián Delpiano (U. La Serena, IEB), Alejandro Miranda (UFRO, CR2), Nélida Pohl (IEB) y Juan Ovalle (U. de Chile, CAPES).